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Cuando uno escribe sobre enfermedades, accidentes, patologías, lesiones… uno desearía que fueran irreales, fruto de la ignorancia o de la imaginación. Como ocurrió en el siglo XIX con la “Cara de bicicleta”, enfermedad ficticia utilizada para disuadir a las mujeres de montar en bicicleta y así impedir que tuvieran la libertad de poder viajar solas. “Rostro normalmente enrojecido, pero a veces pálido, a menudo con labios más o menos demacrados, un comienzo de ojeras oscuras y una expresión cansada”, así definía el semanario estadounidense de la época, el Literary Digest, los principales síntomas de dicha enfermedad y que sorprendentemente sólo afectaban a las mujeres.

Coincidencia, maldita coincidencia. 7 de abril de 2019. “El fallecido, de 54 años y vecino de Bermeo era el jefe de máquinas del remolcador ‘Ibaizabal 8’ y le quedaba poco para jubilarse. Entró a trabajar el sábado a las 6 la mañana y sus compañeros se lo encontraron muerto en la embarcación hacia las 10 de la noche del domingo, tras llevar 40 horas trabajando sin descanso”. No seré yo el temerario que vincule esta muerte con el número de horas seguidas trabajadas (desconozco el caso salvo por lo leído en la prensa), pero sí seré el que me indigne con diseños de turnos de trabajo más cercanos a los tiempos de la “Cara de bicicleta” o más remotos y que seguro afectan de manera muy importante a la salud del que los soporta… aun teniendo después eso sí cuatro días de descanso. D.E.P.

Pero ¿cómo podemos eliminar o reducir los factores de riesgo asociados a la fatiga? Pues en principio la respuesta parece sencilla, como con cualquier otro riesgo de seguridad y salud, focalizando de primeras nuestros esfuerzos en ir al origen del problema y que en este caso (como también ocurre en otras muchas ocasiones) está localizado en la propia organización: horarios, turnos, demandas de trabajo, condiciones ambientales…

No obstante y como punto de partida, es fundamental tener siempre presente varias singularidades asociadas al problema de la fatiga:

Reconocer el problema. Sí, parece más que obvio, pero la realidad nos dice que no es así. Hablemos de ello, que deje de ser un tema tabú. Sólo así, por ejemplo, compartiendo lo que hacen los trabajadores cuando están fatigados, seremos capaces de pensar que podemos rediseñar el sistema para que, incluso aun estando cansados los trabajadores, minimicemos los efectos de sus más que seguros errores.

Su alto grado de complejidad. No existen soluciones perfectas para ninguna de las partes (trabajadores, empresario…) y ni mucho menos serán sencillas. Esto debemos siempre tenerlo presente y el gran objetivo ha de ser un primer paso, mejorar la situación. Una imagen de este grado de complejidad es la diferencia de género. Desde el punto de vista fisiológico la forma en que nuestro “reloj biológico” controla el sueño y por lo tanto el grado de fatiga posterior, difiere de hombres a mujeres. Pero con esto no basta, también hay aspectos sociales involucrados… ¿Cuál es la repartición de las funciones familiares (cuidado de los hijos, tareas domésticas…) de los trabajadores/as afectados?

Responsabilidad compartida. Todos tenemos la responsabilidad de manejar la fatiga correctamente. Cuando una persona tiene que descansar, debemos proteger ese descanso. La empresa diseñando un sistema organizativo que potencie la recuperación del trabajador, éste poniendo de su parte en aprovechar dicho diseño, los organismos públicos regulando, dando soporte y concienciando de la importancia de este aspecto y por último y no menos importante, educando a la familia que comprenda la importancia que tiene ayudar en este reto tan complicado.

De la importancia de dar a conocer (eso sí en otros ámbitos no laborales) la fatiga y la necesidad de descansar, ciertos organismos públicos como la DGT ya lo plasmaron en campañas específicas de comunicación… allá por el ¡¡¡ 2013 !!! …. casi nada

Diseño de horarios, una de las principales medidas de control

Teniendo en cuenta las singularidades que acabamos de exponer, sería totalmente ilógico seguir planteándose la típica pregunta ¿cuál es el mejor horario para evitar la fatiga de nuestros trabajadores? En este aspecto, como en muchos otros vinculados con la Seguridad y Salud, vayamos a planteamientos alineados con las nuevas tendencias del Safety II, HOP, Safety Differently… la pregunta por tanto sería similar a… ¿cuál es la probabilidad de que mis trabajadores estén fatigados con el diseño actual de horarios que tengo y qué nivel de control necesito implementar en el seno de la organización para gestionar este factor de riesgo?

Algunas pautas generales y útiles a la hora de diseñar estos horarios podrían ser:

o Planificar una carga de trabajo (¡¡otro de los proscritos que trataremos en posteriores posts !!) variada y adecuada.
o Evitar los largos horarios de trabajo, no más de 50 horas por semana
o Reducir los días de trabajo consecutivos a un máximo de 5-7 días
o Limitar los turnos a 12 horas (incluidas las horas extra) o a 8 horas si son turnos nocturnos (¡¡he aquí otro de los proscritos que trataremos en posteriores posts !!) y/o trabajos exigentes, críticos para la seguridad…
o Restringir si es posible, a no más de 4, el número de turnos de noche sucesivos
o No mantener a trabajadores en turnos nocturnos de forma permanente
o Evitar comienzos de turno muy tempranos (anteriores a las 06:00); mejor comenzar a las 07:00 que a las 06:00
o Estos turnos tempranos deberían ser algo más cortos para contrarrestar el impacto de la fatiga según vaya avanzando el turno
o Permitir un mínimo de descanso de 12 horas entre turnos y evitar si es posible los retornos rápidos de 8 horas
o Organizar las horas de inicio y fin de los turnos teniendo en cuenta los horarios del transporte público
o Considerar el tiempo de desplazamiento de los trabajadores
o Permitir cierta flexibilidad en la elección individual de los turnos por parte de los trabajadores (conciliación)

Conclusión

Complejo, difícil, entelequia, quimera…. Sí, pero también… real, retador, atractivo, interesante, … esto es lo que afrontamos al intentar gestionar la fatiga en nuestros puestos de trabajo.

Como dije ya en el primer capítulo sobre la fatiga, inicialmente mi única intención sólo era visibilizar el problema, pero si estás dispuesto a pasar a la acción, a tener alguna otra herramienta para valorar y controlar la fatiga, a aplicar alguna experiencia en tu empresa y a “comenzar el camino”… no dudes en ponerte en contacto con nosotros, porque “el camino más largo es quedarse parado”

Seguiremos con los proscritos… 🙂

Prevencontrol

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