Imaginémonos por un segundo como nos sentiríamos si fuésemos habitantes de un mundo desconocido o, por ejemplo, como actuaríamos si en nuestra mano estuviese la responsabilidad de resolver un gran enigma. Seguramente, la incertidumbre y la curiosidad nos llevaría a la voluntad de descubrir más, motivados por algo que es inherente al ser humano: descubrir lo desconocido.
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