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El otro día encontré un limpiabotas en Barcelona. En Madrid es frecuente encontrarlos en la Gran Vía (casi todos son mexicanos), pero en Barcelona es un oficio ya muy caro de ver, pese a que era un clásico de la ciudad en el siglo pasado y hasta hace pocos años. 

Limpia

Pero se vé que hoy en día solo quedan 4 en toda Barcelona. El Sr. Juan, que ahora está en un lugar céntrico heredado de otro limpiabotas que murió hace poco, dice que vive en el barrio de Sant Andreu, bastante alejado del centro, y que “esta mañana hacía mucho frío cuando salí de casa”. Juan tiene 83 años (!!) y unas manos de santo.  Me dejó los zapatos nuevos y pasé un rato de conversación estupendo. Un oasis en la odiosa espiral de trabajo urgente en la que estamos muchos atrapados.

Limpiabotas2

No pude evitar ver las manos de mi ya desaparecido y querido abuelo en las suyas, y le pagué prácticamente el doble de lo que me pidió. Él, sorprendido, me dio su número de teléfono para que le llame otro día para reservar hora. Dice que tiene una pensión pequeña y que no llega. Una lástima que vaya faltando gente así.

Es por todos conocido que la labor de un limpiabotas no es muy agradecida: trabajo en la calle con las inclemencias del tiempo, con una postura de trabajo ergonómicamente terrible, movimientos repetitivos, esfuerzo físico, manipulación de productos químicos… y todo ello se puede multiplicar por 20 si tenemos 83 años. Pero el Sr. Juan, cada mañana dándole al cepillo para complementar su pensión, y porqué no, para distraerse un rato. Juan vive solo.

Pero una cosa es que hablemos de envejecimiento de la población activa y que haya gente que trabaja por voluntad propia más allá de la edad de jubilación, y la otra, bastante más triste, es que debamos trabajar porque sino no llegamos a final de mes.

Y lo que encontré todavía más paradójico fue que una manzana más allá de donde Juan se estaba ganando la vida, un chaval que no debería tener más allá de los 25 años, pedía limosna en la calle.

Limosna

Desconociendo totalmente los motivos por los cuales este pobre chico se encuentra pidiendo en la calle, pienso en lo útiles que son los limpiabotas (y más en la nueva era del reciclaje y la restauración motivada por la crisis) y en que en vez de pedir, posiblemente le sería más rentable y enriquecedor aprender el oficio de hombres como Juan, de los que ya no hay por desgracia.

Feliz 2014

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