Empresas integradoras y personas con discapacidad

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Según Naciones Unidas en el mundo hay actualmente siete mil millones de personas, de ellas, más de mil millones viven con algún tipo de discapacidad, es decir, una de cada siete, la mayor parte en países en vías de desarrollo. Según la organización se entiende por discapacidad a la deficiencia física o mental, como la discapacidad sensorial, cognitiva o intelectual, la enfermedad mental o varios tipos de enfermedades crónicas.

Históricamente las personas con discapacidad han tenido menos oportunidades económicas, mayores dificultades de acceso a la educación, han sufrido la pobreza, y han tenido que hacer frente a otros problemas como la discriminación social, incluso en su extremo más grave han sido víctimas de violencia.

Y hoy ¿se encuentran con las mismas dificultades las personas con discapacidad?

En la actualidad, ampliamente superadas las barreras sociales que impedían a las personas con discapacidad desarrollar su potencial en diferentes esferas de la vida, están más que demostradas y reconocidas su valía y gran capacidad, no obstante, no todas las barreras de la discriminación han sido superadas y no todos los problemas antes mencionados han sido erradicados. En la actualidad, al igual que muchas otras cuestiones, es necesaria una responsabilidad conjunta para alcanzar una sociedad más justa e igualitaria. Por supuesto, la empresa es uno de los grandes agentes para conseguirlo si es capaz de definirse plenamente como empresa integradora.

Empresa integradora y personas con discapacidad

Según recoge el Informe Global “La igualdad en el trabajo: afrontar los retos que se plantean” de la Organización Internacional del Trabajo, publicado en 2007 el estado de la discriminación en la empresa por razón de discapacidad era el siguiente.

En el informe se estimaba que en la fecha de análisis unas 470 personas con discapacidad estaban en edad de trabajar, variando mucho las estadísticas de un país a otro en función de la propia definición de discapacidad. Sin embargo, hay una serie de factores que sí son comunes en todos los países:

  • La tasa de actividad de las personas con discapacidad era muy inferior a la de la media.
  • La tasa anterior estaba relacionada con el nivel de estudios y de formación, que a la vez eran dependientes de la mayor o menor política de igualdad de oportunidades que se desarrollara en la zona de estudio.
  • La tasa de actividad era inferior en mujeres con discapacidad que en hombres con discapacidad, al igual, el salario de las mujeres era más bajo, por lo que a la propia discriminación por discapacidad se sumaba la discriminación por género.
  • Las personas con discapacidad trabajadoras tenían ingresos más bajos que los ingresos de trabajadores no discapacitados, considerándose además la relación proporcional con el nivel de educación y la discriminación como un factor decisivo.
  • Las mujeres y niñas discapacitadas en países no desarrollados eran víctimas de abusos y maltrato.
  • Para las personas discapacitadas la probabilidad de encontrar trabajo disminuía cuanto mayor era su nivel de discapacidad. Por ejemplo, en Europa, una persona de entre 16 y 64 años de edad tenía el 66% de probabilidades de encontrar empleo, mientras que una persona con discapacidad moderada tenía un 47% de probabilidades y un 25% una persona con discapacidad grave.

En 2011, la OIT publicaba nuevamente su Informe Global tras la Conferencia Internacional del Trabajo, esta vez titulado “La igualdad en el trabajo: un objetivo que sigue pendiente de cumplirse” en el que se hace hincapié en la necesidad de la igualdad de oportunidades en la empresa. De este informe se desprenden resultados como la continuidad de los salarios más bajos, la vulnerabilidad de estas personas a sufrir pobreza, la limitación de acceso a la educación, problema que se ve agravado en los países en desarrollo y es sufrido especialmente por los niños y jóvenes, a los que se niega no sólo una educación digna sino la posibilidad de tener un futuro digno. Otros grandes problemas que se añaden en el informe son la dificultad de los trabajadores que quedan discapacitados, de encontrarse con readaptaciones profesionales o programas que faciliten su inserción laboral.

Pero este informe nos arroja esperanzas sobre el asunto, hablándonos de grandes avances en materia legislativa, fruto en parte de la firma y aprobación de los Derechos de las personas con discapacidad en la Convención de Naciones Unidas en 2008. Este hito supondría que en muchos países se incluyera  nuevas legislación o se mejorara la existente, centrándose en  temas como la obligación de la empresa de facilitar las medidas de adaptación al trabajador, así como la responsabilidad de los gobiernos de promover políticas laborales y fiscales favorables, y apostar por programas de educación y capacitación profesional.

A la vez muchas personas e instituciones sociales se vieron alimentadas de este modelo integrador participando en la difusión de buenas prácticas para mejorar la vida y acceso al mundo laboral de las personas con discapacidad.

En 2014, con motivo del Día Internacional de las personas con discapacidad se puso sobre la mesa la discusión de cómo afrontar nuevos retos en la igualdad e integración de estas personas, desde la concordancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y formando parte de su agenda. Los Objetivos han sido aprobados este año y parece que paso a paso las empresas integradoras se encaminan hacia ese verdadero desarrollo sostenible, responsable y ético, ya que en el último mes once grandes empresas han sido las primeras en firmar el nuevo Estatuto de la Red Mundial de la OIT “Empresas y Discapacidad”.

¿Qué es el Estatuto “Empresas y Discapacidad”?

El Estatuto se define como una herramienta mundial destinada a empresas que quieran promover la inclusión de las personas con discapacidad. También abarca la protección de los trabajadores con discapacidad, la no discriminación, la mejora de la comunicación interna, etc.

Su gran objetivo es que las personas con discapacidad disfruten del acceso al mundo laboral en igualdad de oportunidades y que esto las lleve a un empoderamiento que erradique la pobreza que sufren.

Para lograrlo es vital que las empresas se comprometan a mejorar la vida de las personas, a esforzarse porque esta sea digna, y saber que ellas mismas van a beneficiarse del talento y la productividad de estas personas, finalmente este compromiso redundará en muchos porque colaborará a una sociedad más justa.

Además del trabajo de la Red Mundial Empresas y Discapacidad de la OIT hay que destacar la aportación actual a la igualdad que realizan las empresas de la Economía Social, en las que su entendimiento de la persona por encima del capital sirve de ejemplo e inspiración para el resto de empresas. Según CEPES (Confederación Empresarial Española de la Economía Social) la economía social española ya representa el 10% del PIB, así han reflejado en su Informe “Empresas relevantes de la Economía Social”.

Como conclusión, independiente de la empresa, su tamaño, tipología o consideración, las empresas deben ser empresas integradoras y aceptar a las personas libres de cualquier discriminación. La sociedad actual demuestra cada vez un sentimiento mayor de ética y las personas con discapacidad son  una gran fuerza que puede engrandecer a la economía, a la empresa, la sociedad y fortalecer un futuro del bien común.

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