Día Mundial Contra la Esclavitud Infantil: El papel de las empresas responsables desde la comunicación social

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El 16 de abril se conmemora la muerte de Iqbal Masih, joven activista que luchó por erradicar la esclavitud infantil. Su propia historia es la de un niño que con tan sólo 4 años fue vendido por su padre para saldar una deuda. Pasó su infancia esclavizado hasta que con 10 años escapó y alzó su voz sin miedo internacionalmente para denunciar las condiciones de vida y trabajo de los niños. Debido a su incansable denuncia fue asesinado en 1995. Desde ese año su lucha se recuerda cada año este día y sirve para dar visibilidad a las escalofriantes cifras sobre esclavitud infantil en el mundo.

Según el Informe de Save the Children “Rompamos las cadenas de la esclavitud infantil”  hoy en día hay 218 millones de niños trabajadores en el mundo, con edades comprendidas entre los 5 y los 17 años. Existen 8 formas de esclavitud infantil:

  1. Trata Infantil: cada año 1,2 millones de niños son víctimas de este tipo de esclavitud.

  2. Explotación sexual con fines comerciales: en el informe anterior se estima que 1,8 millones de niños en el mundo están siendo explotados sexualmente con fines comerciales.

  3. El trabajo infantil forzoso por endeudamiento: en India, unos 15 millones de niños están trabajando para pagar una deuda de otra persona.

  4. Trabajo forzoso en la mina: en condiciones sumamente peligrosas aproximadamente más de un millón de niños trabajan en estas situaciones.

  5. Trabajo forzoso en la agricultura: casi el 70% de todos los menores trabajadores lo hacen en granjas y plantaciones.

  6. Niños soldados: hoy día, 300.000 niños y niñas menores de 15 años están relacionados de algún modo con las fuerzas armadas. Algunos de ellos tienen tan solo 7 años.

  7. Matrimonio infantil forzoso: a pesar de los riesgos conocidos de salud y de otra índole que acarrea el casarse a edades tempranas, 100 millones de niñas contraerán matrimonio antes de cumplir los 18 durante la próxima década.

  8. Esclavitud doméstica: las niñas limpian las casas de otras personas en lugar de ir a la escuela. La mayoría son obligadas a trabajar de forma extenuante, convirtiéndose en esclavas domésticas.

 

¿Cómo pueden las empresas contribuir a la libertad de la infancia?

Las empresas tienen una vía rápida y persuasiva que nos alcanza todos los días como consumidores, nos influye y forma parte de nuestras vidas, es la comunicación publicitaria. La pregunta es, más allá de la filantropía ¿una empresa puede luchar por el cambio desde sus mensajes publicitarios?

Si el fin es persuadir al consumidor de ciertos hábitos o conductas la respuesta es afirmativa, no olvidemos que muchos de los productos que consumimos diariamente han sido fabricados por niños esclavos y ni siquiera tenemos conciencia de ello.

Nos adentramos así en el campo del Marketing humanitario o Marketing Social, donde se engloba la Publicidad Social.

A principios de los 70 se empieza a hablar de un marketing que se encamina a la venta de determinadas ideas cuyo objetivo es, más allá de la propia venta de un producto, favorecer el bienestar de determinados grupos sociales, el desarrollo de la sociedad o la sensibilización hacia ciertas causas. Además de estas premisas iniciales, también el marketing social se ha de caracterizar por una actividad estratégica dentro de la empresa y no como algo puntual.

Dentro de este marketing que sirve a las causas sociales se define a la publicidad social como aquella que sus mensajes son “no comerciales” y buscan causar la transformación social, ya sea en el corto o largo plazo.

No obstante, en la actualidad, donde ha tomado un gran auge el término Responsabilidad Social Corporativa, algunos autores defienden que la clásica diferenciación entre publicidad con fines sociales y publicidad comercial, puede haber evitado o frenado el cambio de la industria publicitaria tradicional hacia valores más responsables, y ponen sobre la mesa una oportunidad a aprovechar por todas las organizaciones, independientemente de su carácter, para promover el cambio desde la publicidad de valores sociales. Esta oportunidad para las empresas supone también todo un reto comunicativo, ya que sólo desde el diálogo constante y abierto con sus grupos de interés es posible dar respuesta a sus preocupaciones.

La capacidad de la publicidad para promover el cambio desde sus mensajes está demostrada y no sólo eso, en los últimos años se ha verificado la eficacia de la publicidad que incorpora valores sociales. Como consecuencia, queda contrastado el poder de la comunicación en la sensibilización de las personas ante los problemas sociales, un poder que puede encaminarse a que los consumidores adopten actitudes éticas.

Sin embargo, también la demostración de esta eficacia publicitaria y el impacto positivo que causa sobre las personas y su valoración hacia las marcas, pone en relieve otro tipo de cuestiones. La primera de ellas y más importante es la necesidad de diferenciar entre aquellas empresas que desarrollan una publicidad social sólo por aprovechamiento y las empresas, que desde la propia responsabilidad, producen mensajes sinceros y significativos para el cambio.

Son necesarias, por tanto, unas serie de herramientas al alcance de las personas para discernir entre unas y otras empresas, y poder participar de verdad en un consumo justo. Entre estas herramientas, la educación se dibuja como el arma más eficaz para descifrar este tipo de mensajes:

Save the Children y la Fundación UnHate de United Colors of Bennetton,

Save the Children y la Fundación UnHate de United Colors of
Bennetton,

Las imágenes anteriores corresponden a dos campañas de denuncia de la explotación infantil, son de Save the Children y la Fundación UnHate de United Colors of Bennetton, respectivamente. Más allá de la polémica que puedan suscitar, es evidente el impacto ético que tienen en nuestras conciencias.

En el extremo contrario podemos encontrar imágenes como la siguiente, el ejemplo corresponde a una publicación de la revista Vogue y puso en relieve el peligro de representar a las niñas como adultas.

publicación de la revista Vogue

Entre la denuncia y la distorsión hay un paso, y no errar depende del empeño responsable de las empresas y los ciudadanos por un mundo mejor. El ganador del premio Nobel de la Paz de 2014, Kailash Satyarthi, cuyo trabajo es por la liberación de los niños esclavos, reclamó en su discurso un movimiento mundial de “compasión humana” para acabar con la esclavitud infantil, realmente esa debe ser la condición más importante para ser empresas y consumidores más justos.

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