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La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando. Podríamos afirmar que la empatía es el preludio de la confianza, aquella creencia sobre otra persona que cuesta tanto de ganar y tan poco de perder.

Lo que esperamos cuando estamos enfermos y vamos al médico es que aquella persona sea empática con nosotros. Empática tanto cuando le contamos nuestros problemas, nuestras inquietudes, como cuando tenga que comentarnos su diagnóstico, o el resultado de unas determinadas pruebas. No queremos a un científico, sino a una mano amiga que nos comprenda y que tenga todo el tacto y cariño del mundo para ofrecernos en aquél momento delicado. Para mí ese es un buen doctor, el que sabe comunicar con su paciente, el que le transmite confianza.

Médico

Y en el caso del técnico de prevención de riesgos laborales debería tener las mismas capacidades. Al final en el fondo hacen una tarea similar. Deben observar, escuchar y comprender al empresario o trabajador, para luego emitir un diagnóstico, realizar ocasionalmente una prueba y preparar una planificación de acciones a llevar a cabo, que irán en función de la probable gravedad del riesgo, de la capacidad económica de la empresa y de la factabilidad de la medida en relación con la posibilidad de llevar a cabo el trabajo sin molestias.

Es importante transmitir esta empatía para ganarnos la confianza de empresarios y trabajadores. Y esta es a veces una competencia escasa. En las escuelas de formación de técnicos en prevención de riesgos laborales se transmiten conocimientos, no se capacita en competencias. Y en el día a día de las organizaciones no se requieren únicamente conocimientos, sino principalmente competencias. Los conocimientos están en google y en los libros. Las competencias las adquiere uno con el tiempo a base de experiencia. Hoy en día el técnico debe ser creativo para ofrecer soluciones asequibles, debe tener la capacidad de resolver problemas, debe saber comunicar, ser astuto para lidiar entre las peticiones de unos y otros con ética y sentido común, etc. Y todo ello es factible, pero debemos de ser muy conscientes de ello y actuar en consecuencia. Solo hace falta empatía, pensar en cómo nos gusta que nos traten cuando vamos al médico, y ganarnos la confianza de nuestro cliente. Es más sencillo de lo que pudiera parecer, pensemos en ello.

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1 comment

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    Florin Dobra

    Hola Joaquin,

    Estoy de acuerdo con tu opinión,

    Desde algunos estudios de RRHH se considera que la empatía y la inteligencia emocional son competencias fundamentales para los profesionales que trabajan en el sector. Desde mi punto de vista, en mi función diaria como técnico “de calle” en Prevención de Riesgos Laborales la empatía es primordial en la relación y gestión de los clientes.

    Aunque se suele decir que “caes bien” o “caes mal” , la empatía es una competencia que la podemos aprender y entrenar a través de la educación y nuestra voluntad, los resultados traduciéndose en mejora de nuestras propias actuaciones, comportamientos, y resultados.

    Durante los años que ejerzo, he tenido la sensación de que la valoración global que el cliente ha realizado al servicio que le he prestado ha tenido que ver en una proporción considerable con la empatía y la comprensión de sus problemas además de una respuesta rápida y resolutiva.

    Por no hablar de la sensibilidad añadida por la crisis que pueden exacerbar las emociones de nuestros clientes que hace más patente todavía su utilización en nuestro trabajo diario .

    Un saludo,