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Beiersdorf es una compañía internacional alemana dedicada al cuidado de la piel con marcas líderes a nivel global tales como NIVEA, NIVEA MEN, Eucerin, La Prairie, … 

La firma cuenta con una planta en Tres Cantos dedicada a la fabricación de productos del grupo, que es una de las seis instalaciones que la compañía tiene en Europa, y una de las tres principales dedicadas a la producción de la amplia gama de cosméticos NIVEA.

A nivel preventivo Beiersdorf está muy sensibilizada con la metodología Lean Management, hecho que se palpa solo de pasar por la puerta de la compañía.

Seguridad Visual: Cómo surgió la iniciativa

Uno de los cuatro pilares fundamentales de la empresa es la simplicidad. En base a esto, lo lógico es que se adoptara la metodología Lean y que se implantara un sistema que permitiera el trabajo y el control del trabajo de la forma más sencilla posible. La base de este sistema es el de un conjunto de reuniones escalonadas y de paneles de KPI’s para hacer un seguimiento y, sobre todo, centrarnos en los riesgos que se presentan al día. Desde el inicio se tuvo en cuenta la seguridad como uno de los elementos a chequear en cada una de estas reuniones, tanto por lo que ya había pasado como por lo que podía pasar. Eso dio pie a intentar engranar todos los sistemas de una manera homogénea y acorde al sistema Lean que ya estaba vigente. En este sentido, se intenta que todo tenga una secuencia lógica y homogénea.

Objetivo principal

La metodología Lean busca simplicidad y utilidad de las herramientas. Éstas tienen que ser útiles y estar en el lugar donde se van a utilizar. Lo que se persigue al final es una utilización de los datos y de las herramientas en el lugar donde se necesitan sin tener que trasladarlas, y en el momento en que se necesitan.

¿Cuál es la metodología que se sigue?

Lo primordial es pensar en el objetivo concreto de la herramienta. Muchas veces tendemos a pensar, sobre todo con el tema de la gestión visual, que se trata simplemente de carteles que han de ser bonitos y llamativos. Pero no es así.
Una herramienta de gestión visual tiene que tener un objetivo. A partir de ahí hay que desarrollar el lugar de ubicación y la metodología de uso. En el momento en que se desarrolla este último hay que tener en mente que debe ser una herramienta útil que facilite el trabajo. Teniendo en cuenta esto, hay que conseguir que esa herramienta sea interactiva. ¿Y eso qué quiere decir? Que el trabajador tienda a utilizarla para su trabajo. Por tanto, hay que construir el sistema alrededor de esa herramienta. El elemento visual tiene que interaccionar con algo o ser finito en el tiempo. De esta manera se obliga al trabajador a alimentar el sistema y a consultarlo constantemente. La propia herramienta, si está bien pensada, obliga a ser usada.
La gran pregunta es esta: ¿Cómo se consigue esto? Lo cierto es que es difícil llegar a la versión final a la primera. El objetivo ha de estar claro porque el error principal que nos encontramos en este sentido es ubicar la herramienta donde no se debe. Por eso es buena idea crear un grupo formado por personal del departamento de operaciones y también por personas del de seguridad. Ellos serán quienes la prueben. Cuando ya se hayan hecho un par de pruebas se imprimirá en un vinilo imantable o que se pueda pegar. De esta forma se puede probar varias veces y valorar su efectividad.

Barreras principales

Las herramientas visuales se encuentran con una barrera fundamental de cara a los trabajadores: la mental. La resistencia al cambio está presente porque se trata de una herramienta nueva que parece etérea ya que no es un software ni un hardware ni una herramienta metálica.
Por parte del creador, la barrera está en la resistencia a reconocer el error y dar marcha atrás para empezar de cero. Hay que tener en cuenta que al formato final no se llega hasta dos o tres pruebas, por eso puede darse el caso de que haya que efectuar modificaciones.

¿Cuáles son los resultados al trabajar de esta forma?

Cuando se llega a una forma no final pero bastante definitiva, el resultado es muy positivo. La mentalidad de la gente es muy abierta en este sentido ya que nadie se niega directamente al uso y esa resistencia se ha ido venciendo bastante rápido.
Es importante destacar que las herramientas visuales tienen que estar pensadas para el uso de los otros, no para el uso del departamento de prevención. Son los operadores quienes deben entenderlas. Con este sistema de herramientas visuales se fomenta mucho la auto-responsabilidad de los procesos y de las soluciones. Además, cuando hay un problema no queda oculto en un software sino que se evidencia de forma pública, algo que también es positivo.

Aspectos clave

A la hora de implantar una herramienta de este tipo, la colaboración de los operarios es clave. Si no tienes la opinión o consejo de la persona que lo va a usar es posible que tengas éxito en la forma de la herramienta pero no va a tener la misma aceptación. Por tanto, su participación es básica. También lo es la comunicación. Estas son herramientas visuales y lo que se quiere es usar el elemento visual como motor y canal de comunicación.

Escucha “Buena Práctica “Seguridad Visual de Beiersdorf (Nivea)”” en Spreaker.

Fuente: Beiersdorf, Podcast Buenas prácticas en cultura preventiva de Foment del Treball

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