Un poco de psicología: Tomando decisiones de riesgo.

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La percepción del riesgo huye planteamientos de tipo lógico o racionales.

La percepción del riesgo huye planteamientos de tipo lógico o racionales.

A todos nos ha ocurrido alguna vez, vamos conduciendo por una vía rápida, nos vemos envueltos en una pequeña confusión y nos desorientamos. Empezamos a preocuparnos porque no sabemos muy bien qué dirección tomar. Nos aturdimos y… nos paramos, necesitamos tiempo para retomar nuestra orientación y poder desvanecer la duda. Luego reanudaremos la marcha con seguridad.

Ésta es nuestra percepción de seguridad y riesgo: debemos pararnos. No nos damos cuenta que el pararnos, por ejemplo, en mitad de un desvío de autopista o de una rotonda de denso tráfico resulta de lo peor para nuestra seguridad y la de los demás. Incluso existe también el que luego de pararse hace marcha atrás para deshacer el error.

Sin darnos cuenta, tomamos una decisión de riesgo: la de no tomar ninguna decisión. Nuestra percepción nos traicionó.

La percepción del riesgo es algo muy subjetivo

En primer lugar, una cosa es riesgo y otra es la percepción que podamos tener del riesgo en nuestra mente. Desde la década de los 60 los psicólogos han realizado estudios sobre la percepción psicológica que tenemos de los riesgos y se han topado con una cruda realidad: poco tienen que ver con la razón y la mesura de lo racional y mucho podemos relacionarlo con lo instintivo y lo emocional. En concreto Paul Slovic, quizá el más significativo de los estudiosos, propuso en 1987 su Paradigma psicométrico, aplicando técnicas psicométricas matemáticas en estudios en diferentes países sobre las percepciones de los riesgos y su consecuencia: la toma de decisiones. Aunque la probabilidad de muerte en accidente de tráfico a los 25 años sea una cifra entorno al 25%, la población percibe como riesgo mucho mayor (del orden de mil veces superior) el riesgo, por ejemplo, a un accidente nuclear. Tenemos un gran temor por las centrales nucleares pero menoscabamos los riesgos de las carreteras a pesar del conocimiento que tenemos todos de que las estadísticas aseveran todo lo contrario.

No pasa nada

Cuando un adolescente se fuma su primer cigarrillo no lo compra, le invitan: no pasa nada. ¿Qué significa a nivel psicológico “no pasa nada”? Evidentemente, nada tiene que ver con estadísticas o valoración racional del riesgo. Es emocional, intuitivo.

El refuerzo positivo del placer engaña nuestra percepción del riesgo.

El refuerzo positivo del placer engaña nuestra percepción del riesgo.

Los psicólogos han evidenciado que cuando nosotros (quien toma la decisión) tenemos el control del riesgo, tendemos a infravalorarlo: vivimos como menos peligroso el cigarrillo o el “cubata” que nosotros decidimos probar un día y que “no pasó nada” que unos posibles transgénicos o pesticidas que una multinacional desconocida o una farmacéutica pueda haber introducido en una caja de cereales del supermercado o una vacuna suministrada en la farmacia. En sentido contrario, los riesgos que los controlan personas lejanas o desconocidas aparecen aumentados en nuestra percepción “emocional”, los exageramos.

El placer, fuente de peligro

Otro sesgo muy importante en nuestra percepción es la interacción que efectuamos con el elemento de riesgo. Si la interacción es positiva, es decir, si un riesgo nos genera un placer o un beneficio, tendemos a percibir dicho riesgo como cada vez menor, infravaloramos el riesgo, y al contrario, si percibimos un riesgo como algo espantoso (una araña), tendemos a exagerar el temor y su riesgo se nos magnifica.

Esto nos explica, por ejemplo, la gran ineficacia demostrada durante años de las campañas de prevención de embarazos en adolescentes. El hecho que informemos sobre los riesgos adecuadamente por medio de campañas informativas de prevención, no garantiza los resultados deseados porque el adolescente obtiene un beneficio en la relación sexual en forma de placer, que le “engaña” emocionalmente y le hace inclinar a creer, dentro de una mentalidad todavía no madura, que el riesgo es cada vez menor en los contactos sucesivos con el elemento de riesgo.

En el mundo adulto laboral, en algunos países, cuando un camión con una carga llega a un puente y no se sabe si el puente resistirá, la opción, la decisión, es todavía siempre emocional: lo probamos, así lo descubriremos. El beneficio (económico, de objetivos) que obtenemos si logramos pasar tiende a infravalorar la percepción de los riesgos que implica la operación.

camions0Por el contrario, ir al dentista para arrancarnos una muela, o someternos a una intervención quirúrgica para poner una placa metálica con tornillos en un hueso roto lo encontramos algo peligroso en extremo, cuando son operaciones de rutina y de bajo riesgo.

Existen muchos otros parámetros de tipo socio-cultural, cognitivo, informativo que pueden influir en la percepción sobre todo colectiva del riesgo, pero que determinan decisiones individuales. En ese terreno se dan vaivenes (ripple effects), por ejemplo, en el avatar económico o del marketing: valga como botón de muestra el cambio social de la percepción del riesgo de pedir un crédito o una hipoteca hace diez años o ahora en la actualidad.

Debemos entender algunas actitudes desde la vertiente psicológica

Debemos entender algunas actitudes desde la vertiente psicológica

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