¿Tienes en cuenta estos Filtros en tus formaciones preventivas? (1/3)

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Resulta que lo que decimos en nuestras formaciones no es lo que los asistentes a dichas formaciones perciben y retienen.

Sí, eso parece.

Los modelos clásicos en los que se planteaba que en todo proceso de comunicación existía un emisor, un receptor y un mensaje que circulaba a través de un medio determinado son muy válidos si de lo que estamos hablando es de “terminales y cables u ondas electromagnéticas”. Sin embargo cuando el emisor y el receptor son personas, las cosas no pueden afirmarse de una manera tan absoluta.

Y esto es así porque entran en juego infinidad de factores relacionados con la experiencia vital de cada una de las personas que intervienen en ese proceso de comunicación.

JUGUEMOS CON ESTE CONCEPTO: NUESTRO CEREBRO “MANIPULA” LA INFORMACIÓN

Una de las “manipulaciones” que nuestro cerebro realiza con la información que le llega, es la GENERALIZACIÓN de esa información.

Generalizar es una de las estrategias más fabulosas que ha desarrollado el cerebro para poder desenvolverse con mayor facilidad por su entorno. La generalización es una forma de aprendizaje que evita que tenga que enfrentarse a la resolución de un problema cada vez que se encuentra con una situación similar.

Imaginaros que ocurriría si cada vez que tengo que abrir una puerta tengo que entretenerme en resolver como funciona ese mecanismo de apertura. Y una vez que lo haya conseguido (si lo hubiese conseguido) cuando llego a la siguiente puerta, otra vez lo mismo. Sería tedioso, insostenible.

Sin embargo las generalizaciones plantean un inconveniente. Dos y dos no son siempre cuatro en estos entornos.

Resulta que cuando por fin aprendo a abrir “las puertas” según mi generalización, la siguiente no se abre igual, por ejemplo hacia afuera, sino que se abre hacia adentro, fastidioso a más no poder; mi generalización no es válida. Y además tengo que soportar que me llegue el observador de turno y me diga: “Alma de Dios, si TODO el mundo sabe que TODAS las puertas SIEMPRE se abren hacia adentro”.

Resulta que mi generalización sobre cómo se abre una puerta no coincide con tu generalización. ¿Cómo puede ser esto?

Porque mis generalizaciones dependen de mis aprendizajes, de mis experiencias, de mis componentes culturales, etc., etc.

Pretender que lo que yo considero que es la manera correcta de hacer las cosas, es la manera correcta de hacer las cosas que todo el mundo entiende, es un gran error.

 Generalización 1

NOSOTROS SOMOS LOS FORMADORES, ENTONCES…

Si entiendo que “mis generalizaciones no son las generalizaciones de los demás”, podré poner mi atención en ese aspecto en el momento de preparar mis formaciones.

Si yo lanzo un mensaje con una generalización que he construido en base a mis aprendizajes hacia un auditorio, ¿Cuántas personas creéis que aceptarán esa generalización como suya? Y lo que es más difícil aún ¿Cuántas personas creéis que habrán captado el sentido de tu mensaje en la forma que la que lo pretendías?

Por ejemplo, si yo digo en una formación algo así como “Es obligatorio el uso correcto de las herramientas”, estoy hablando desde mi generalización de lo que es un “uso correcto”, lo cual no tiene que coincidir con el “uso correcto” que consideran los demás.

Si yo digo: “Haced el favor de hacer las cosas bien” estoy nuevamente utilizando generalizaciones.

Quizá algunos de los trabajadores que escuchen este mensaje concluyan “yo estoy haciendo las cosas bien” al menos desde los que esa persona considera que es, en su generalización de este término, hacer las cosas “bien”, por lo que no nos debe extrañar que después de la formación se siguán haciendo las cosas igual que antes, es decir, “bien”.

Además, debemos tener en cuenta otro aspecto, algunas generalizaciones pueden crear conflictos con los asistentes a las formaciones. No es extraño asistir a una ponencia y encontrarse con un orador que utiliza a modo de chascarrillo, para dar un toque de humor a la sesión, algún chiste relacionado con “las mujeres siempre…”; “los latinos nunca…”.

Algunos de estos comentarios pueden generar tal grado de rechazo en el grupo de personas que nos están escuchando que podemos llegar a perderlos por completo.

Otra generalización habitual es la que se construye en base a palabras como: Siempre, Nunca, Todos, Jamás, Nadie, etc. Este tipo de terminología es demasiado cerrada y obliga a los participantes a aceptar como único un comentario que, en ocasiones, no representa su realidad. Si una de las pretensiones de la PRL es encontrar un modelo de integración, el uso de terminología que no da pie a la iniciativa y a la propuesta de nuevas alternativas puede convertirse en un escollo importante.

Generalización 2

Es necesario que aprendamos a gestionar lo que decimos si pretendemos conectar con nuestro auditorio. Como he sugerido en otros artículos, hacer pequeños ejercicios de autoanálisis de las cosas que decimos, de las generalizaciones en este caso, nos puede ayudar a dar explicación al porqué no conseguimos influir de la manera que nos gustaría.

OTROS FILTROS

La generalización es uno de los filtros que interponemos a la hora de gestionar la información que nos llega. Pero no es el único. En los próximos artículos hablaré de otros dos filtros más, puesto que considero que conocer el funcionamiento de estos métodos de aprendizaje es de vital importancia para influir e inculcar poco a poco esos conceptos preventivos tan necesarios para conseguir entornos de trabajo cada vez más saludables; puesto que serán las propias personas que trabajan en esos entornos, una vez concienciadas, las que los crearán.

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