Salvo honrosas excepciones, hemos convertido nuestras formaciones en algo realmente pesado. Y ojo, tanto para el que la da como para el que la recibe. Nos hemos acomodado a dar temarios infumables en clases de 2, 3 o 4 horas, que hay que rellenar con normativas y teoría, muchas veces muy lejos de la realidad de los trabajadores, que salen desmotivados y pensando que aquello es solo una justificación para tener una firma que salve el “culo” de la empresa cuando aparezca la inspección de trabajo.
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