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Persona con grillete

Es indiscutible que la jornada laboral es un elemento muy variable, dependiente del tipo de trabajo y en muchos casos con tendencia al alza en el número de horas; pero teniendo en cuenta que entre las voces que promulgan jornadas más cortas, se encuentra la segunda mayor fortuna personal del mundo, Carlos Slim, quien aboga por semanas laborables de tres días, quizá sea el momento de cuestionarse las ventajas de las jornadas maratonianas.

Más de una empresa ha llevado a cabo iniciativas innovadoras en este campo con notable éxito, como el Royal Bank of Canadá, cuya política de flexibilidad en el empleo tiene, entre otros efectos, que el 94% de su plantilla se sienta orgullosa de trabajar en RBC.

Es algo reflejado también por uno de los directivos de AC Hoteles (hoy Marriott), Bill Munck, quien ya en el año 2001 apostaba por combatir la cultura de la presencia, o por Robert Kriegel, consultor pionero en el área del desempeño humano que propone el descanso como herramienta para el incremento de la productividad.

El propio INSHT, señala que la nueva cultura empresarial ha de reorganizarse en torno a la persona por su valor intrínseco y no al revés, indicando como valores emergentes, el compromiso para conjugar intereses personales y de las organizaciones. Incluso la paradoja que el incentivo económico no es lo más deseado frente a otros, como el trabajar en entornos gratificantes y disponer de más tiempo libre.

Ésto no significa que todos los trabajadores quieran trabajar menos, incluso que todos los trabajadores puedan permitirse reducir su jornada y su sueldo para disponer de mayor tiempo libre (de hecho una de las controversias de la propuesta de Carlos Slim es la jornada de 11 horas, no muy aplicable e incluso peligrosa en más de un caso). Es simplemente un cambio de tendencia que se está experimentando en otros países como Suecia, muy probablemente con gran éxito en muchos casos y con resultados no tan alentadores en otros, y que es un hecho en países como Holanda, con jornada anual inferior a 1.400 horas y tasa de paro inferior al 7%.

Pero es indiscutible que la satisfacción y el compromiso del trabajador son pilares fundamentales de las empresas que quieran evolucionar por la senda de la productividad y la excelencia, como indican, por ejemplo, los Sistemas de Medición de productividad o excelencia SIMAPRO EFQM, y que una de las herramientas es la reorganización de la jornada de trabajo a criterios no presentistas y compatibles con la vida social de las personas.

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Mención aparte tiene el impacto social; tener trabajadores con jornadas inferiores no solo permite el ahorro de coste de obtener una productividad por hora mayor, reducir la rotación e incrementar la motivación. Mejora la Responsabilidad Social Corporativa de la empresa al convertirse en agente reductor de uno de los más graves problemas de la sociedad española: el desempleo, causante además de innumerables dramas personales, de una peligrosa inestabilidad social (si tenéis dudas, simplemente verificad la tasa de paro en Alemania cuando Hitler ascendió al poder).

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1 comment

  1. Muy interesante reflexionar sobre la jornada laboral. Y estas reflexiones siempre me llevan a pensar en el “sentido” de la jornada laboral, el proyecto de la empresa, y cómo se alinea con el proyecto personal.
    El enfoque de Koldo Saratxaga, de proyectos basados en las personas, me resulta especialmente interesante por las implicaciones que acaba teniendo en las jornadas laborales y el compromiso de cada persona con la empresa (=proyecto común).
    Gracias por la reflexión.
    (Como referencia, http://www.k2kemocionando.com/k2ksintiendo.html).