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Aníbal Barca, el general Cartaginés que puso en un serio apuro a todo un imperio como el Romano, ha pasado a la historia como uno de los más grandes estrategas de la época clásica.

Aníbal comandaba un ejército integrado por decenas de tribus diferentes, cada una con su lengua y su credo, con sus costumbres y sus tradiciones, y sin embargo, consiguió que todas ellas lucharan con un objetivo común y que le admiraran y le siguieran hasta la muerte.

Cuentan que Aníbal conocía el nombre de cada uno de sus soldados, de sus hermanos y de sus hijos. Que hablaba todas y cada una de las lenguas de los que integraban su ejército. Que respetaba sus tradiciones y celebraba sus fiestas. Y por supuesto que se ponía al frente de sus ejércitos y luchaba en primera línea de batalla junto a ellos.

Moneda Hispano Cartaginesa

Puede que sea cierto y el éxito de Aníbal proceda de su capacidad como estratega, es posible que sea así, sin embargo muchos otros creemos que, además de estratega, Aníbal era un gran líder.

Conseguir que miles de hombres sacrifiquen sus vidas en pro del beneficio del grupo, como ocurrió en la memorable batalla de Cannae, solo es posible si la persona que comanda ese ejército es respetada y admirada por todos. Conseguir que un núcleo central de soldados retroceda de forma controlada hasta crear una media luna dentro de la cual el ejército enemigo se verá inexorablemente atrapado por los flancos, requiere de una fe ciega por parte de aquellos que se encuentran luchando en ese eje central.

Batalla de Cannae

Si leemos alguna de las novelas en las que se recrean con cierto grado de rigor histórico las peripecias de este personaje, nos daremos cuenta en seguida de algunas de las claves que nos pueden ayudar a convertirnos en guías de nuestros grupos de trabajo. Yo extraigo estas:

–          Objetivo. Si pretendemos que el grupo comulgue en común con el objetivo marcado, tenemos que tener nosotros claro cuál es ese objetivo, y por supuesto creer en él, si no, se va a notar demasiado que lo que buscamos es, por ejemplo ascender en la empresa, o ganar mucho dinero o reconocimiento de nuestro entorno. Podremos engañar a unos pocos mucho tiempo y quizá a muchos poco tiempo, pero no engañaremos a todos todo el tiempo.

En palabras de John Whitmore:

“estoy convencido de que lo que hace a un buen líder es más el para qué y no el cómo”

–          Conoce a tu equipo. Como diría Eva Collado (@evacolladoduran – “Innovación y la gestión de personas: nuevos roles, nuevos tiempos” ) duchado y motivado se viene de casa, estoy de acuerdo en este punto, no depende del guía formar o motivar, pero si detectar las habilidades y necesidades de cada integrante del grupo y proporcionarle el ambiente de trabajo adecuado para que la persona se automotive y siga en continuo crecimiento.

–          Respeto y escucha. Escuchar las propuestas y las necesidades de los integrantes del grupo es simplemente fundamental. No podemos saber lo que alguien tiene en su cabeza y cuáles son sus necesidades, si no le escuchamos.

Juzgar y presuponer sobre el pensamiento y comportamiento de los demás es muy fácil, y además no sirve para nada.

¿Qué tal si preguntamos al resto del equipo que piensan y que pueden aportar?

–          Gestión emocional. Uno de los inconvenientes que nos podemos encontrar a la hora de trabajar con grupos viene derivado de las dos primeras cualidades. Si nos obsesionamos con la consecución del objetivo y nuestra lealtad se convierte en fanatismo, nuestras decisiones estarán controladas por nuestras emociones, por lo que acabaremos tomando decisiones que exijan demasiado al grupo sin garantías de consecución.

Después de la batalla de Cannae, Aníbal podría haberse plantado a las puertas de Roma sin apenas oposición, sin embargo su ejército no estaba en condiciones de afrontar un asalto de esta magnitud. El desgaste psicológico habría hecho demasiado daño a sus soldados, y probablemente habría perdido la confianza de sus aliados.

El hecho de que el grupo pueda estar dispuesto a sacrificarse no significa que podamos exponerlo a un sacrificio constante.

 

En los grupos de trabajo en los que llevo participando desde hace cerca de 8 años, he puesto en práctica, entre otras, estas actitudes, y a mí personalmente me ha funcionado. Los resultados han sido espectaculares a nivel de integración de la prevención.

Observar como el director general de una empresa repite a uno de sus colaboradores, palabra por palabra, un mensaje que tú le trasmitiste un año atrás, mientras te mira con cara de complicidad, os aseguro que es un momento muy gratificante.

Yo desde luego, si pudiese elegir, elegiría seguir a alguien como Aníbal.

¿Y tú? ¿A quién seguirías?

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