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En esta época global que estamos viviendo, es una realidad que la esperanza de vida ha aumentado muchísimo más en los últimos 100 años, que en toda la historia de la humanidad.

Gracias a la investigación científica, unido esto a los adelantos tecnológicos, ha permitido que no solamente haya aumentado la esperanza de vida, sino que la calidad de la misma ha mejorado tanto, que sea algo impensable hace no muchos años.

Es más, como ejemplos más cercanos, cuando yo era todavía un adolescente (y aunque desde esa época ya haya llovido, pero no tanto como pensar en la prehistoria de la humanidad) recuerdo que cualquier deportista (los futbolistas eran el ejemplo que más conocíamos por nuestra afición a este deporte) «colgaba las botas» poco después de cumplir la treintena y lógicamente por razones relacionadas con su edad y su forma física. Esto en la actualidad, no solo no deja de ser un tópico, sino que existen cada vez más casos de éxitos deportivos en edades entorno a los 35 años y deportistas que prolongan su longevidad sin apenas «merma» de su condición física hasta edades próximas a los 40 años.

Esta misma paradoja, también ocurre en el mundo laboral, que como consecuencia de esta mayor esperanza de vida, la población activa esta envejeciendo. Esto significa  que cada vez dejaremos la actividad laboral (nos jubilaremos) más tarde. Principalmente por dos razones, que son:

  1. Las comentadas y que tienen que ver con unas mejores condiciones y calidad de vida
  2. Económicas (de economía global) obvias y es que cada vez más, se deberá equilibrar la población laboral activa (y que aporta a las arcas del estado) con la población laboral no activa.

Esto, unido a que cada vez más empresas, han empezado a darse cuenta, que la contratación de las personas mayores (a partir de los 45 años) genera otra serie de beneficios para las propias empresas, ha hecho que aumente la concienciación sobre la seguridad y salud laboral asociada al envejecimiento y al trabajo.

Algunos de los beneficios por los que las empresas eligen trabajadores mayores, tienen que ver con una mayor experiencia y conocimiento del funcionamiento interno de las empresas, respecto a los trabajadores más jóvenes. Además, esta probado que esta experiencia, produce en la mayoría de los casos, conductas con un menor nivel de estrés y hábitos de trabajo mas productivos. También los trabajadores mayores, son por lo general más precavidos y aceptan mejor el cumplimiento de las normas establecidas.

Por contra, aunque los trabajadores mayores tienden a tener menos accidentes de trabajo, cuando se producen estos, tienen unas peores consecuencias, propias del factor «edad» y como consecuencia un mayor tiempo para la recuperación y lógicamente para la reincorporación al trabajo.

Además la cronicidad de ciertas enfermedades en las personas mayores (estadísticamente y según estudios recientes de la NIOSH, que son extrapolables a la población laboral activa de otros países desarrollados, los del Viejo Continente, por ejemplo), como la hipertensión y la artritis, hacen que los programas de planificación preventiva de las empresas tengan en cuenta otras situaciones de riesgo que antes no se tenían presentes y que generarán cada vez un mayor coste en un futuro inmediato.

Son necesarias, pues,  empezar a llevar a cabo nuevas estrategias frente a este cada vez mayor problema que se empieza a dar en las empresas, aunque muchas de estas medidas son sencillas, de fácil aplicación (no precisan de un gran esfuerzo económico) y que solo requieren una mayor concienciación de lo que tiene que ser un lugar y ambiente de trabajo adecuado a estas nuevas variables.

Aspectos que tienen que ver sobre todo con el área de Ergonomía y Psicosociología Aplicada, como por ejemplo:

  • el diseño ergonómico del puesto de trabajo adaptado a las personas mayores (con otro tipo de limitaciones espacio-temporales)
  • proporcionar una mayor flexibilidad de los trabajadores respecto a las jornadas de trabajo
  • evitar o limitar el sedentarismo por una mejor optimización de la gestión del trabajo
  • adecuar los riesgos y las situaciones de riesgo con un enfoque coherente a la edad de los trabajadores que los ocupan
  • desarrollo de habilidades y formación adecuada en función del tramo de edad y no solamente de los riesgos a los que están expuestos los trabajadores
  • gestión de programas de reincorporación al trabajo adecuadas y razonables con las condiciones de estas personas mayores.

toman cada vez más importancia en las políticas de las empresas en lo que se refiere a la necesidad de proporcionar un entorno de trabajo saludable (más importante en colectivos de mayor edad) y en paralelo con una obligación cada vez más palpable en la actualidad y que tiene que ver con la Responsabilidad Social Corporativa de las empresas.

Al fin y al cabo, es una realidad que cada vez viviremos mas y por ende mayor será el tiempo en el que deberemos de estar «ocupados», porque esta ocupación, también puede influir positívamente, a su vez, en proporcionar una mejora de la calidad de vida de las personas mayores.

Prevencontrol

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