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No es difícil comprender que para que un trabajador esté satisfecho con su puesto, la retribución económica debe ser acorde al esfuerzo invertido. Los niveles de exigencia son muy altos y la competitividad entre empresas, incluso entre trabajadores, fomenta la inversión de más horas de las establecidas en la oficina.

En el caso de España, los datos en cuanto a salario medio resultan desesperanzadores. Nuestro país se encuentra a la cola de Europa con un salario mínimo interprofesional de 753 euros brutos mensuales, mientras que en Bélgica el sueldo mínimo es de 1.502 euros.

Sin embargo, que los asalariados españoles reciban una retribución menor que la del resto de trabajadores del continente no tiene relación directa con las horas que trabajan. En nuestro país invertimos una media de 1.960 horas de trabajo anuales mientras que en Holanda la cifra no llega a las 1.380.

La explicación a esto se debe que los periodos vacacionales son más extensos en otras naciones, como es el caso de la alemana.Aún y con esos datos, hay que decir que en cuanto a productividad España se sitúa por encima de la media de la Unión Europea. Así lo aseguran las informaciones recogidas por Eurostat, posicionando a nuestro país 7 puntos por delante del computo medio europeo.

Con estos resultados podemos certificar que, en muchos casos, la motivación hacia un trabajador viene dada por algo mucho más allá del dinero. La formación ofrecida por la empresa, las oportunidades de ascenso o de promoción, o el ambiente laboral agradable son algunos de los ejemplos de lo que se llama retribución emocional.

Huyendo de los parámetros que se rigen por cantidades económicas, la retribución emocional engloba una serie de pautas y de formas de gestionar una empresa que repercuten directamente en los resultados del trabajador y en el éxito global de la empresa. Como muchos trabajos al respecto aseguran, “el beneficio económico y monetario es importante pero no hace la diferencia”.

Las prestaciones emocionales más destacadas que pueden hacer que, indiferentemente del sueldo, un empleado esté contento y no tenga intención de abandonar la empresa en la que está son las siguientes:

–          La calidad de la relación directa con su superior inmediato

–          Los retos profesionales que se le planteen

–          Equidad con el resto de compañeros

–          Flexibilidad, libertad y seguridad

–          Formación ofrecida por la empresa

–          Ambiente laboral tranquilo y agradable

–          Actuar y contribuir en otras áreas de la empresa

También es importante que el trabajador tenga conocimiento de lo que se espera de él cada día, que tenga posibilidades de escalar profesionalmente, que pueda ejercer una planificación de su carrera y que hay aun conocimiento y reconocimiento de sus logros por parte de dirección. Sentirse apreciado y recompensado muchas veces es más satisfactorio que un aumento en la nómina.

La retribución emocional cada vez se tiene más en cuenta en la gestión de personal para crear sinergias  colaborador-empresa que aumenten los resultados de la compañía, algo que no tiene que estar retado con la satisfacción del trabajador.

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