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seafood2Se acercan las fiestas y las celebraciones, las comidas especiales. Son muchas las familias que, en la medida de sus posibilidades, proveen de marisco, todo tipo de moluscos o crustáceos que se crían mayormente en las zonas del litoral marino poco profundo. Mejillones, chirlas, almejas, berberechos, navajas, cangrejos, gambas, chipirones, pulpos, percebes, langostinos, bogavantes, langostas, caracoles, etc. forman parte de alguna manera de los platos navideños. Y el caso es que muy poca gente rechaza estos manjares, complacen casi a todos. Existe también la excepción: aquél que no puede comerlo porque le da alergia. Las alergias alimentarias son una problemática que preocupa de forma creciente y nos ocupa cada día más a los que trabajamos en prevención. Quizá con el ejemplo del marisco logremos entender si existe alguna razón oculta.

El conocimiento del pasado del ser humano y de su evolución biológica es algo extremadamente arduo por la ausencia de testimonios fósiles. Científicamente, desde que en 1859 Charles Darwin sentara las bases del estudio de la evolución biológica en On the origin of species, se desató un interés por encontrar lo que se dio en llamar en inglés The missing link (el eslabón perdido), el paso intermedio entre los primates y los humanos. Pero hasta que en 1974 tuvo lugar el descubrimiento de Lucy, ejemplar de Australopithecus afarensis hallado en Etiopía que conservaba el 40% del esqueleto de un fósil de un homínido datado en 3,2 millones de años de antigüedad, no se ha empezado a entender mínimamente cómo ha transcurrido nuestra evolución biológica y, de ahí, poder tener pistas sobre nuestra conformación genética y nuestra exposición a determinadas enfermedades.

Desde principios de los 2000, el estudio de la evolución humana ha avanzado notablemente y se han hecho descubrimientos importantes, muchos de ellos relacionados con la dieta. Igualmente ha habido un cambio sustancial en el estudio de los climas del pasado que ha permitido detallar muchísimo los cambios ambientales que la especie humana ha tenido que soportar, algo terrible que a nadie se le había antojado.

Oscilaciones climáticas en los últimos 700 mil años

Oscilaciones climáticas en los últimos 700 mil años

 

ClimaGlaciaciones

Durante los períodos más fríos, la mayor parte del interior continental europeo estaba cubierto por hielo o bien eran zonas muy áridas, sin precipitaciones y muy inhóspitas.

Actualmente está muy claro y perfectamente aceptado por la comunidad científica que la especie humana ha evolucionado de forma adaptativa a cambios climáticos muy abruptos y que implicaban transformaciones del paisaje a formas diametralmente opuestas, frías e intempestivas unas veces, cálidas y plácidas otras veces. La experiencia, el conocimiento cultural de la especie humana e incluso la propia inteligencia y desarrollo cerebral podrían ser una respuesta adaptativa a los muchos y sucesivos cambios en el clima y en el paisaje. Pues bien, se han hallado evidencias de comunidades humanas que, en épocas de extrema sequía y escasez en los interiores de los continentes, se acomodaron a la vida en la costa, comiendo a base de dietas con abundantes recursos de origen marino, moluscos, crustáceos y también peces, y por tanto desarrollaron adaptaciones genéticas a este tipo de dieta las cuáles podemos haber recibido “escritas” en nuestro propio ADN.

El mito de la Paleodieta

Existen numerosos defensores de lo que se llama la paleodieta o dieta del paleolítico, concepto que rescata la idea de que la dieta sana es aquella recupera los hábitos alimenticios y nutricionales de antes de la revolución neolítica, eso es, antes del desarrollo de la agricultura y la ganadería, cuando se sobrevivía cazando especies animales y recogiendo frutos y semillas silvestres. Pues bien, la paleodieta es algo que dista mucho de ser un estándar basado en la proteína animal obtenida en la caza de presas de vertebrados terrestres. Su variabilidad geográfica y en el tiempo cabe replantearla, en todo caso, en múltiples y muy variadas paleodietas. La paleodieta única, como tal, no existe, en todo caso podemos aceptar un amplio abanico de posibilidades. Y una de ellas debería conformar una dieta basada en la extracción de marisco en las costas continentales.

Restos de conchas de moluscos encontrados en las cuevas de Altamira.

Restos de conchas de moluscos encontrados en las cuevas de Altamira.

El HLA-DQ2 y las enfermedades autoinmunes

El HLA-DQ2 es un serotipo (HLA, Human Leukocyte Antigens), una variación fijada genéticamente del sistema inmunitario humano presente en los leucocitos que se ha asociado a diversas enfermedades autoinmunes, entre ellas la celiaquía. La presencia de los genes del HLA-DQ2 es común en Europa occidental, Norte y Este de África. Muy abundante en zonas de Irlanda y de España, en especial en el país vasco donde llega a afectar el 40% de la población. Aparte de la celiaquía (Un 90% de los celíacos poseen dicha dotación genética) se asocia con la dermatitis herpetiforme, diabetes tipo 1, hepatitis autoinmune, osteoporosis, algunas formas de hipotiroidismo, e incluso fibromialgia y la esclerosis múltiple, entre otras patologías menos frecuentes. Dichas enfermedades tienen mayor incidencia en las áreas geográficas mencionadas.

Por lo pronto nos cuesta entender cómo la propia evolución adaptativa no ha expulsado determinadas constituciones genéticas como el HLA-DQ2, que resultan patológicas. Se cree que una explicación podría ser los cambios en las dietas de nuestros antepasados. En concreto, se asocia la permanencia del serotipo HLA-DQ2 en las poblaciones actuales debido a una selección positiva (se favoreció) en períodos pasados. Según sugieren los restos antiguos de los primeros asentamientos humanos de los períodos iniciales de la colonización, las comunidades humanas primigenias en zonas europeas recibían un aporte básico de calorías de origen marino. Todo apunta, pues, a que nuestros antepasados comieron cantidades importantes de marisco durante largos períodos y desarrollaron adaptaciones genéticas a este tipo de dieta. Los casos actuales de celiaquía y otras alergias alimentarias (evidentemente la del marisco no) podrían ser efectos colaterales de dicha situación, tengamos en cuenta que en esa época no comían cereales puesto que no existía la técnica para cocerlos todavía.

Alergias alimentarias y gene pool

Toda esta controversia nos ayuda a comprender un poco la base genética de las alergias alimentarias. El gene pool humano (acervo genético o patrimonio genético) es muy diverso y, con el amalgama de poblaciones actual deriva hacia una mayor diversidad, recogiendo genes relictos de situaciones pasadas las cuáles, a nivel de reloj biológico, resultan todavía muy recientes y afectan la salud y el bienestar, comprometiendo la buena prevención sanitaria en el sentido en que resulta difícil establecer dietas estándar, eso es; lo que puede ser bueno para un individuo resulta fatal para otro. Peligroso argumento éste para justificar todo tipo de dieta pero no por ello menos certero.

Por si fuera poco

Existen estudios que sugieren que los humanos tenemos formas de selección sexual positiva que priman aquellas parejas sexuales que difieren en la configuración genética histocompatible propia (concepto que incluye la dotación HLA). Es decir, las mujeres, cuando ovulan, tienen la capacidad de escoger preferentemente hombres con capacidades inmunitarias alternativas a las suyas propias, favoreciendo la diversidad en la progenie, y, por tanto, en las poblaciones humanas. Eso favorecería también la supervivencia de dotaciones genéticas proclives a la celiaquía y a las alergias alimentarias. Pero de eso hablaremos en otra ocasión.

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