Obsolescencia Programada: la economía, el medio ambiente y la seguridad laboral.

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El término “Obsolescencia programada” significa la determinación o programación de la vida útil de un producto o un servicio marcada por el fabricante en la fase de diseño, y su origen se remonta a los años 30 del siglo pasado cuando incluso se propuso como medida obligatoria por ley para terminar con la gran depresión. Aunque la aplicación como medida legal no llegó a implantarse, esta medida se ha ido usando e implementando desde entonces por parte de los fabricantes en la gran mayoría de productos.

El primer caso de obsolescencia programada se dio en los años 20 con la imposición de la reducción del número de horas de vida útil de las bombillas de incandescencia, llegando a rebajarla incluso por debajo de la vida útil de la bombilla inventada por Edison.

Esta práctica, tanto a través de la determinación de la vida útil funcional limitada por el fabricante como a través de la incitación del deseo de compra voluntaria (ligada a la moda, diseño, etc.), durante el siglo XX ha favorecido notablemente el crecimiento económico, industrial y productivo a través de fomentar (o forzar en algunos casos) el consumismo. En nuestros días la obsolescencia programada se puede apreciar en la mayoría de productos, pero sobretodo en los tecnológicos y ligados a informática.

Os recomiendo el documental “Comprar, Tirar, Comprar La historia secreta de la obsolescencia programada” de Cosima Dannoritzer coproducido por Televisión Española que hace un repaso de la historia de la Obsolescencia Programada, de sus pros y sus contras, y de las consecuencias medioambientales que nos encontramos en nuestros días.

Es por estos efectos mediambientales y la falta de sostenibilidad de esta práctica, que han aparecido detractores y movimientos en contra. Los más radicales abogan por el decrecimiento productivo y los menos radicales por un rediseño de la producción para favorecer una producción y uso más sostenible que no afecte o afecte mucho menos al medio ambiente.

Como ejemplo de ellos encontramos al activista medioambiental Mike Anane  que denuncia el envío de residuos electrónicos a Ghana, procedentes de los países industrializados.

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O a la compañía de efectos visuales Big Lazy Robot que lanzó el contrometraje de animación iDiots  que satiriza la obsolescencia programada

Por otro lado aparecen fabricantes que apuestan por eliminar la obsolescencia programada o bien por una producción más sostenible que reduzca el impacto sobre el medio ambiente.

El fabricante de bombillas español OEP Electrics pone en el mercado bombillas con tecnología led sin obsolescencia programada pensadas para durar toda la vida (o al menos 100 años) cogiendo la idea de la bombilla del cuartel de Bomberos de Livermore que lleva encendida ininterrumpidamente desde hace más de 100 años.

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O la empresa Lemnis Lighting (cofundada por Warner Philips, descendiente del fabricante de bombillas Philips) que es la precursora de la iluminación sostenible con la creación y comercialización de bombillas con una duración de 25 años.

Pero también podemos encontrar  obsolescencia programada en la seguridad y salud laboral. ¿Cuál es, si no, la base del mantenimiento preventivo?.

En pro tanto de la productividad como de la seguridad y salud laboral se establece una vida útil para determinados componentes de máquinas y equipos, de modo que tanto si todavía funciona como si ya está completamente gastado, se substituye el componente. De este modo se mantienen los equipos y máquinas en correcto funcionamiento, que además de evitar  averías costosas o de desecho y accidentes cuyas consecuencias tanto físicas como productivas podrían llegar a ser desastrosas.

A nadie se le escapa que los conductores, que aprecien su vehículo y su propia seguridad, realizan las correspondientes revisiones periódicas (o el cambio de neumáticos) en lugar de esperar a que aparezca la avería que resultaria inevitable por una falta de mantenimiento.

Del mismo modo se establece una fecha de caducidad para determinados EPIs (arneses, cascos, etc) que aun pareciendo funcionales se deben substituir por no dan suficientes garantías de protección al trabajador. En este caso sí que se reglamenta esta obsolescencia programada, ya que el RD 1407/1992 por el que se regulan las condiciones para la comercialización de EPIs, fija en el punto 1.4.e del anexo II que en el folleto informativo que debe elaborar y entregar el fabricante debe figurar la fecha de caducidad del EPI o de alguno de sus componentes.

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Filtro de equipo de respiración, con fecha de caducidad

En estos últimos casos la obsolescencia programada no se fundamenta tanto en el incremento de la comercialización del producto sino más bien en el incremento de la seguridad del usuario.

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2 comentarios

  1. Pingback: Obsolescencia Programada: la economía, e...

  2. La obsolescencia programada es necesaria en el mundo capitalista en el que vivimos. Pero siempre está en nuestras manos el poder alargar esta vida del producto.



He leído y acepto la Cláusula de Consentimiento.

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