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Es evidente que nuestra conducta, o dicho de otra forma, nuestro comportamiento a la hora de hacer las cosas influyen de manera decisiva en la materialización de un accidente: cuántas veces nos hemos encontrado con un accidente en el que la explicación es “llevaba 20 años haciéndolo así y nunca ha pasado nada”; o casi peor: “claro que lo sabía, pero si no, cómo trabajo?”

Y ésto cuando se ha producido el accidente, cuántas veces nos hemos encontrado con actitudes del tipo: “eso no es peligroso” o “si no pasa nada”?

Resulta curioso que en la  mayoría de investigaciones de accidentes se tiende a dos polos, a centrar todas las causas en el factor humano o, justo al revés, a huir del factor humano a toda costa.

La realidad es que el factor humano está presente prácticamente siempre, en mayor o menor grado, en alguno (o todos) de sus aspectos: Conocimientos, destrezas y actitudes.

Los dos primeros son fáciles de solucionar: formación y entrenamiento; pero qué hacemos con las actitudes? resignarnos y adoptar una cultura de la fatalidad, o podemos plantearnos soluciones?

En otros posts ya hablamos de la formación orientada a las actitudes, la cual puede efectivamente impactar lo suficiente como para plantearnos nuestras convicciones y nuestra cultura del no pasa nada; pero nos podemos quedar ahí?

La respuesta, por desgracia, es no; con una formación podemos conseguir que los asistentes se cuestionen sus puntos de vista, pero para producir efectivamente el cambio de actitud y, por tanto, de conducta es necesario un paso que es aplicarlo, lo cual va a tener, entre otros, un obstáculo, que es que somos por naturaleza resistentes al cambio.

Y aquí tenemos uno de los muchos motivos para no poder impartir una única formación y dar el asunto por zanjado; el aprendizaje y cambio de actitudes /hábitos es en espiral, es decir, hay que pasar varias veces por el mismo camino para llegar al objetivo:

A modo de ejemplo, quien ha dejado de fumar, primero se ha convencido de querer dejarlo, es decir, ha cambiado su actitud, pero una vez puesto a ello, ha de pasar por más de un momento de deseo de volver y en ocasiones soportar la presión del entorno con fúmate uno que no va a pasar nada.

Ello implica que es necesario tiempo, no se puede cambiar en un sólo día y, por tanto se hace necesario llevar el esfuerzo formativo más allá de una acción puntual, reforzando las actitudes inculcadas y avanzando en actitudes nuevas y en conciencia avanzada de la importancia de la seguridad.

Reiterar la formación, pero avanzando en la misma, sin repetir estrictamente el discurso, incluso me atrevería a afirmar que catalizando el cambio más que provocandolo; es como conseguiremos implantar una cultura de seguridad en nuestra empresa.

Prevencontrol

PrevenControl es la firma especializada en seguridad y salud laboral que propone soluciones eficaces e innovadoras para la mejora del negocio y la reputación de sus clientes a través de la consultoría, el uso de la tecnología y la formación.
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