Las claves de la inteligencia emocional para conseguir el bienestar en la empresa

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Gran parte de nuestras vidas la pasamos en el entorno laboral, y hay muchas formas gestionar estas horas, pero especialmente hay muchas maneras de determinar cómo será este ambiente de trabajo. Cuanto mejor es mayor rendimiento y cuanto más a gusto nos encontramos en él y con las personas que nos rodean, no sólo vamos a aumentar en productividad, sino que aumentaremos la felicidad. Por todo ello, el trabajo debe ser sinónimo de bienestar y para que esta gran premisa se cumpla hay que tomar plena conciencia de la dimensión psicológica de la salud.

Sobre este tema concretamente, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso el modelo conocido como Healthy Workplace, que define un lugar de trabajo saludable como “aquel en el que los trabajadores y directivos colaboran en un proceso de mejora continua para proteger y promover la salud, la seguridad y el bienestar de todos los trabajadores, así como la sostenibilidad del lugar de trabajo”.

Y entre sus principios podemos encontrar:

1. La dirección debe comprometerse con una política de apoyo para garantizar ambientes de trabajo saludables.

2. Por su parte, los trabajadores deben adquirir este compromiso y su responsabilidad de participación activa en cada actividad o programa que se desarrolle en pro de un mejor ambiente de trabajo.

3. Para lograrlo hay que tener en cuenta dos factores claves y básicos, que son la ética y la legalidad empresarial. Se han de respetar los códigos éticos, las leyes y asumir una responsabilidad de guardia ante posibles riesgos de los trabajadores.

4. Si vamos a establecer programas para el bienestar de las personas, estos programas deben integrarse en un proceso sistemático, definiendo cuándo y cómo comienza, cuál será su desarrollo, cómo se evaluarán y por supuesto proponer acciones de mejora una vez llevados a termino.

5. Por último, todo debe regirse bajo los principios de la sostenibilidad: el esfuerzo por garantizar una salud física y emocional del trabajador debe ser duradero, no algo puntual, sólo con una sostenibilidad del bienestar conseguiremos trabajadores más felices.

A estas propuestas de la OMS habría sin embargo que añadir o de alguna forma actualizarlas, para responder a las nuevas y rápidas características que van describiendo en cada instante a los entornos de trabajo. La globalización y las tecnologías disruptivas hacen que la sociedad en la que trabajamos sea totalmente distinta a la de hace 20 años o incluso a la de hace 5 años. Nuestro entorno de trabajo está dibujado bajo los parámetros del escenario V. U. C. A., es decir, es volátil, incierto, complejo y ambiguo.

Debemos aprender a contestar a estos parámetros, para ellos también hay modelos como el siguiente:

Entorno_VUCA

Donde se aconseja que ante el carácter volátil tengamos una visión de futuro más clara, ante la incertidumbre debemos ser capaces de parar, observar y según los que veamos actuar. Ante la complejidad hay que buscar la claridad intentando dar sentido al caos y con la ambigüedad hay que ser ágiles, colaborar y abordar el cambio de la forma más rápida posible.

Dentro del modelo V. U. C. A. existen dos dimensiones, la individual y la colectiva, si nos paramos a reflexionar sobre las posibles alternativas nos damos cuenta que todas están dentro de las habilidades propias de la inteligencia emocional. Como consecuencia, la inteligencia emocional va a ser la mejor herramienta para adaptarnos a los cambios garantizando nuestro bienestar.

Según el psicólogo estadounidense Daniel Goleman la inteligencia emocional en el trabajo responde a una persona abierta al cambio, concentrada, que aprende y es capaz de tomar decisiones con claridad. Le permite tener buenas relaciones con los demás y llegar antes a la eficiencia, la satisfacción y la productividad.

Aunque muchos investigadores de este campo hablen de la inteligencia emocional como factor genético, hoy sabemos que se puede practicar, trabajar y mejorar, así que si queremos entornos de trabajo seguros, saludables y felices podemos empezar por:

– Hablar abiertamente de nuestras preocupaciones en el entorno de trabajo, y de los sucesos que allí ocurren, establecer una comunicación sincera entre los miembros de la organización ayuda a crear redes de confianza y a establecer lazos de identidad.

– Compartir las alegrías: al igual que las preocupaciones, hablar con nuestros compañeros de los logros obtenidos es una manera de motivar por una cultura de la organización, que crece en pro de un equipo que cree en lo que hace.

– Ponerse en el lugar del otro: la tan conocida y nombrada, pero sobre todo, necesaria, empatía. Sin este atributo la comunicación nunca llegaría a buen término, ni tampoco las relaciones entre personas.

– Aportar, perseverar, esforzarse por hacer siempre algo mejor y con mayor significado para los demás.

– Pero sobre todo, transportar la alegría, empezar cada proyecto con una ilusión renovada que resulta un factor clave de inspiración y además es contagioso.

Y finalmente, a cada una de estas propuestas, que podemos desarrollar de manera personal hacia las personas que nos rodean en la empresa, podemos añadir otros muchos ejercicios, muy dinámicos que nos llevarán a obtener las capacidades de la inteligencia emocional, algunos como por ejemplo el famoso método de “los seis sombreros para pensar”, herramienta que nos facilita el pensamiento grupal, entre otras muchas, que incluso podemos crear conjuntamente todos los miembros de la organización, en la búsqueda por empoderar a la persona por un mayor salud emocional del trabajo.

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