La gamificación como tradición milenaria: El juego de las birllas

El tiempo estimado de lectura es de 5 minutos

Merece la pena darse una vuelta cualquier tarde de verano por las calles de Campo, población rural del Alto Aragón, en la Ribagorza, enclave privilegiado en los primeros estribos del Prepirineo. A cubierto del monte Turbón, macizo calizo de porte imponente, y a orillas del rio Ésera, la vida en Campo discurre tranquila, tan tranquila que ha permitido resguardar del olvido viejas tradiciones folklóricas, entre ellas el juego de las birllas.

En una tradición quizás milenaria, las mujeres de Campo, que nunca los hombres, se adueñan de las calles en grupos de unas pocas hembras, entre 2 y 5, y disponen las birllas, rústicos bolos de madera que se ancoran en un hueco tallado ex professo en el pavimento irregular de la calle. El juego lo han aprendido de las madres y éstas de las abuelas, no está escrito en parte alguna y forma parte del acervo cultural del pueblo aragonés, un precioso patrimonio sin duda a conservar. La tradición oral es algo que a los hombres y mujeres del S XXI se nos antoja por lo menos insólito, pero que para las generaciones pasadas portaba el sello de garantía de lo añejo: sólo perdura aquello que es valioso, útil y certero. El tiempo y los aconteceres desechan por inservibles tradiciones obsoletas o caducas.image_gallery

En apariencia, el juego de las birllas se trata sólo de un entretenimiento lúdico y distendido, pero, deambulando por las calles de Campo, uno se topa con el Museo de Juegos Tradicionales, curioso y único en su categoría en toda Europa, que recoge elementos etnográficos y antropológicos de distintas zonas geográficas, relacionados todos ellos con los juegos tradicionales. Repasando uno por uno los juegos, nos vamos dando cuenta de otra básica función social que tenían antaño los juegos: la formación. Diferentes tareas del campo, diferentes habilidades necesarias para el manejo de herramientas o útiles se aprendían jugando.

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Los roles

En el museo se puede ver como la sociedad tradicional se organizaba para jugar (y para cualquier otra función social) juntándose en grupos diferentes, cada uno de ellos con un rol determinado. Los criterios básicos de selección eran las edades y los sexos. Así había grupos de mozas, de mozos, de niños, adultos, mujeres, y los más ancianos. Y cada grupo tenía unos juegos determinados con un sentido concreto y diferenciado en la función social.p034_f02

Cabe destacar los juegos de pelota, los de puntería y los de trabajo en el medio agrícola, que entrenaban a los mozos para desarrollar las destrezas imprescindibles para la subsistencia en un medio no siempre fácil. Cuando había que segar un campo, o recoger los fardos de hierba o de paja y cargarlos, se hacía corporativamente, en grupos, los de cada grupo del juego. Destrezas para efectuar lanzamientos, arrastres, levantamientos de piedras se recibían por tradición de los antepasados; técnicas para levantar pesos sin lesionarse se aprendían jugando. Y ¿cómo no? las luchas y las carreras tampoco faltaban en la sabia tradición que se traspasaba de generación en generación.Corta de troncos con hacha

Cohesión social

Cuando uno conoce ya de muchos años de haberlo visto el juego de las birllas, se da cuenta que el tiempo dedicado al juego nunca es tiempo perdido. Las mujeres necesitaban desarrollar al máximo el componente social para hacer frente a la dureza de la vida en el campo que en su momento existió, en el medio rural de antaño. La vida no era nada fácil y los distintos retos y dificultades que se presentaban se afrontaban corporativamente. La comunidad rural, muy distinta a las comunidades urbanas a las que estamos acostumbrados, con todo tipo de servicios y comodidades, no disponía de hospitales ni de otra asistencia social que… la de las compañeras de juego. En las épocas en que todo se hacía a mano, lavar la ropa, cortar leña, preparar la comida, etc., el tiempo no era un bien sobrero, sin embargo, el paso de los siglos había enseñado a las generaciones a dedicar un tiempo al juego.

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Reconocer los tiempos

Desde el Neolítico, el hombre ha tenido que crear pautas culturales para reconocer los distintos tiempos de año. El tiempo de comer castañas, el de sembrar el trigo, el de recoger las patatas, el de la siega, la labranza, el de recoger setas, arándanos, moras… cada cosa tiene su momento en el transcurso del año.

Y los juegos también. Los niños aprendían a reconocer los tiempos del año jugando. Había juegos y canciones para la siega, para Navidad, para la vendimia, para la trilla del trigo… aprender cantando y jugando, hete aquí el reto.

Me ha salido hoy un artículo con un fuerte sabor a abolengo muy lejano, a raíces profundas. Sin embargo no puedo dejar de pensar que si durante cientos o miles de años nuestros ancestros aprendían las tareas y las destrezas básicas, en edades juveniles, jugando, y no dejaban de jugar en toda su vida, tanto hombres como mujeres; debían de existir poderosas razones para ello. La gamificación y la formación de nuestros días basada en los serious games son quizá algo no tan novedoso ni innovador. Por otra parte, la cohesión social entre los componentes de los grupos de trabajo es algo muy necesario en nuestros días y en nuestras empresas para superar los retos, cada vez más difíciles, que nos deparan las nuevas tecnologías y estos nuevos tiempos que corren. ¿Y si jugamos un poco? ¿Qué ocurre, no tenemos tiempo? ¿Debemos aprender a tener tiempo para jugar?

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A parte de crear vínculos de cohesión en los grupos de trabajo, reforzando su cohesión, y de establecer un orden de roles a cada grupo y a cada componente, los juegos, si están bien diseñados, ofrecen un plus importante de motivación por su sano espíritu competitivo, la clara definición de un objetivo a conseguir en forma de premio (puntos, clasificaciones…), su aspecto distendido y lúdico, el reconocimiento adecuado de los méritos de cada jugador, y que, por necesidad, un juego tiene que ser divertido. No podemos plantearnos juegos que sean aburridos!

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2 comentarios

  1. Cesc Garriga

    Cesc Garriga

    Muy buen artículo que pone de manifiesto las bases por las cuales la gamificación coge, año tras año, más fuerza en todo el mundo.

    Me ha encantado la frase “y que, por necesidad, un juego tiene que ser divertido.” Aquí radica el elemento más importante que, personalmente creo, debe tener un buen proyecto gamificado. Aunque no olvidemos, que DIVERSIÓN = PLACER + RETOS.

    • Xavi Iribarren

      Xavi Iribarren

      Muchas gracias, Cesc

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