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Todos hemos oído la frase de “somos lo que comemos” pero aún hay mucha gente que no presta atención a lo que ingiere. Los ritmos frenéticos de hoy día nos hacen dedicar poco tiempo a nuestra dieta, y la mayoría de veces optamos por lo más cómodo y rápido. Teniendo en cuenta que mucha gente come fuera de casa por culpa del trabajo es importante saber elegir bien los platos. No sólo por nuestra salud, que es lo más importante, sino porque lo que comemos se encuentra estrechamente ligado a los resultados en la oficina.

Un estudio llevado a cabo por Medibank Private en Australia desveló que aquellos trabajadores con malos hábitos alimenticios tienen nueve veces más propensión a enfermar y faltar al trabajo. La mala nutrición tanto en cantidad como en calidad puede desencadenar problemas de falta de hierro, anemia, desnutrición u obesidad, algo que no pasa por alto para el rendimiento de las empresas.

Además, no comer bien afecta en la manera en que nos desenvolvemos a nivel laboral. Esto es así porque para que nos sintamos bien todas nuestras hormonas deben estar en equilibrio. ¿Qué ocurre si nos saltamos alguna comida o si tomamos en exceso azúcares o grasas? Una descompensación hormonal que se ligará a situaciones de enfado, de ansiedad y de estrés. Una cosa va ligada a la otra.

Son muchas las investigaciones que constatan estas realidades, y tal y como informa la Organización  Internacional del Trabajo (OIT), “los alimentos constituyen el combustible que impulsa la producción”.

La misma OIT describe la interrelación de una mala dieta con la baja productividad de la siguiente manera: “una nutrición deficiente da lugar a una mala salud, que provoca una menor capacidad de aprendizaje. En consecuencia, una mano de obra escasamente cualificada, una productividad inferior, la pérdida de competitividad, costos empresariales elevados, menor crecimiento económico, salarios inferiores, una mayor disparidad en la disposición de riqueza y, llegando de nuevo al principio del ciclo,  una nutrición deficiente y una mala salud”.

Pero no solo es importante seguir unas buenas pautas dietéticas por motivos económicos y empresariales. No podemos olvidar que lo primero es la salud del trabajador. La mala nutrición, que se manifiesta tanto en desnutrición como en obesidad, es síntoma de que elegimos mal los alimentos y las calorías que ingerimos.

Desayunar un croissant y un refresco no es lo recomendable, como la mayoría sabemos. La primera comida del día debe ser completa y fuerte porque es la que nos dará la energía para encarar la jornada que se nos presenta.

Otro dato llamativo que relaciona la dieta de los trabajadores con la productividad viene de la mano de un estudio elaborado por la Brigham Young University. En su análisis evaluaron el ausentismo y la salud de más de 6.000 trabajadores durante tres años, y el resultado reflejó que aquellos que habían participado en el programa de bienestar que ofrecían  representaron un ahorro de más de 3 millones de dólares en costos por ausentismo. Se estima, además, que los trabajadores mal alimentados representan un 21% del ausentismo relacionado con enfermedades, y un 11% menos de productividad que los compañeros con una buena nutrición.

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