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Todos sabemos cómo les cuesta levantarse por la mañana a los adolescentes. Se les pegan las sábanas y cuando logran levantarse lo hacen en un estado ausente, obnubilado, incapaz de coordinar una idea sobre otra de manera coherente. Reiterativamente se recurre a los tópicos de gandul, dormilón, pero una generación tras otra, de forma recurrente, a partir de cierta edad puberal, el fenómeno se mantiene.

Para concretar una propuesta más científica, y siguiendo lo expuesto en nuestro primer artículo,  diremos que la evolución de la personalidad humana pasa por diferentes fases en cuanto a la estructura del sueño se refiere, siendo la infantil más cercana a una alondra mientras que el cronotipo medio de los adolescentes se desplaza invariablemente hacia una lechuza nocturna, para volver luego en la edad madura a un término más mañanero. Recordemos la idea básica del Jetlag Social: no debemos ir en contra de nuestro reloj biológico, sino todo lo contrario, intentemos adaptarnos a él.

student-sleeping-in-classSe ha visto que la secreción de melatonina, la hormona que nos hace dormir, en los adolescentes se desplaza a horarios más tardíos, retardándose por la mañana también hasta bien entrada la mañana. Eso a parte, los adolescentes tienen una perentoria necesidad de dormir un promedio de 9 ¼  horas. Si los horarios que siguen los adolescentes, básicamente en los estudios, los organizamos de forma inadecuada, lo que conseguimos es que el adolescente arrastre un déficit de sueño que luego en el fin de semana intentará recuperar, aunque difícilmente lo logre de forma efectiva. En general, el Jetlag Social supone a la población adolescente un desfase en el sueño de cerca de dos horas diarias. Y es que los adolescentes, de promedio, no duermen más de 7 horas. Las consecuencias son nefastas, falta de atención, alumnos que se duermen en clase, accidentes de tráfico en el camino de ida a la escuela, más incidencia de estados depresivos, menor rendimiento escolar, falta de motivación, dificultades de relación con los padres y con los compañeros y también mayor facilidad de caer en hábitos de alcohol, tabaco o drogas.

Enderezar la situación

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El camino de solución es único, básico y elemental: cambiar los horarios escolares de los adolescentes, especialmente en enseñanza secundaria. Teniendo en cuenta el desfase horario nacional español debido al desajuste existente entre la hora solar y la hora oficial, los adolescentes suelen dirigirse a los centros escolares alrededor de las 8:15 hora oficial. Sin embargo, el reloj biológico se ajusta a la hora solar, entonces la hora real es 7:15 en invierno 6:15 en horario de verano. Pues bien, en algunos países, la valoración que se ha hecho en muchos centros que han pilotado experiencias ya desde finales de los años 90 ha sido desplazar la hora de inicio de las clases a lo que correspondería las 9:40 hora oficial española, del orden de una hora y media más tarde.

Los resultados que hemos podido contrastar han sido asombrosos:

  • Mejoría en los resultados académicos
  • Reducción de la tasa de abandono escolar prematuro
  • Disminución de la incidencia de depresión en adolescentes
  • Mayor atención y rendimiento de los alumnos en clase
  • Disminución de los accidentes de tráfico entre los adolescentes
  • Disminución de las visitas a la enfermería del centro
  • Mejora del comportamiento de los alumnos, generación de ambientes más calmados en pasillos y cafeterías de los centros.
  • Disminución de los casos en los que hubo que aplicar disciplinas a los alumnos.
  • Algunos alumnos aseguraban que tenían mejor disponibilidad para hacer los deberes, puesto que estaban más centrados y encontraban la manera de hacerlo dentro de los horarios de las clases.
  • Mejora de las relaciones con los padres y de las relaciones sociales en general.

Evidentemente que el razonamiento básico no obedece motivos de salud o bienestar, sino que es simplemente social: no podemos seguir empeñados en mantener una estructura académica funcionando, con todo el esfuerzo humano, económico, de las familias y social en general que ello supone, para impartir enseñanza a unos alumnos en unos horarios en los que están en su rendimiento más bajo.

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El cambio propuesto genera inconvenientes sobre todo en el transporte escolar y en la realización de actividades extraescolares, pero hay soluciones. Combinándolo bien, en algunos municipios incluso han conseguido disminuir los gastos de transportes escolares porque se combinan (no coinciden) con los de los niños de edades inferiores.

El caso es que tuve una experiencia personal en ese sentido: una mañana a las 08:45 se estrelló de forma inexplicable una moto contra la parte trasera de mi vehículo estando yo parado y la moto también. No se dio cuenta y arrancó sin mirar. Era una adolescente, iba dormida. Por suerte, el accidente no tuvo mayor consecuencia.

Qué hacemos con los adolescentes que trabajan

Aquellas empresas que incorporan adolescentes en su plantilla deben tener en cuenta ésta su especial característica biológica y actuar en concomitancia. No hay otra opción que la de adaptar horarios. En general, cuanto más hagamos madrugar a un adolescente pues peor. Estamos hablando de siniestralidad laboral, absentismo en el trabajo y falta de rendimiento.

Para los que quieren saber más: qué debemos hacer cuando un adolescente llega a la época de exámenes.

Bueno, el uso tradicional, el de toda la vida ha consistido en hacer un esfuerzo especial para la preparación correcta de los exámenes. Es lo que se ha llevado siempre, implicando además la reducción de las horas de sueño, escogiendo las horas de la noche que resultan especialmente cómodas para el adolescente para ese estudio extra. El resultado evidente es que aumentaremos el déficit de sueño y el riesgo de la pérdida de concentración en el día del examen, la fatiga y la capacidad de reacción ante lo inesperado.

Abogamos por lo contrario: intentar aumentar las horas de sueño, acostándose antes y manteniendo ambientes con poca o escasa iluminación, a poder ser colores rojizos, nunca azulados. Espaciaremos las horas de estudio necesarias en varios días. Suprimiremos bebidas azucaradas y estimulantes con cafeína, colas o taurina. Muchos centros escolares suprimen las clases lectivas para facilitar estas estrategias.

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1 comment

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He llegit i accepto la Clàusula de Consentiment.

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