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¡Sí!, no es un error ortográfico, es una evolución lógica, aunque contra corriente en tiempos de crisis. El jefe que quiera llegar a la excelencia tiene que ser “gestor“, o sea, Gefe.

El modelo de jefe ha pasado por distintas etapas: ha evolucionado, involucionado y finalmente, ha revolucionado su propio rol pasando de ser líderes de equipos a ser gestores de talentos.

Un jefe tiene que ser muchas cosas, la primera y más importante es “persona”. No son autómatas, ni máquinas deshumanizadas como en Terminator, tampoco nuestro segundo padre, ni nuestro mejor amigo o peor enemigo. Eso eran, y todavía son, en muchas ocasiones los “jefes”. Ahora, llega el Jefe 3.0, es decir, el Gefe.

Rodearse de colaboradores mediocres para destacar como un tuerto en el país de los ciegos, ha dejado paso a la gestión del talento como primer punto del día en las reuniones de gestión estratégica. Gestionar es planificar, ordenar, ejecutar y evaluar para mejorar. Un jefe sabe que el talento se entrena. Es otra aptitud más, o no. Quizás es “la aptitud” con mayúsculas. En los procesos de selección, ya hace tiempo que se contrata a profesionales, no tanto por sus excelentes notas académicas, como por su posible talento alimentado y estimulado de manera adecuada. Las aptitudes son importantes, pero una actitud adecuada en un momento crítico, es mucho más eficiente para la cuenta de resultados de una empresa que sólo un expediente académico brillante.

Un gefe sabe focalizar esa actitud, ese talento, ponerlo a trabajar y llevarlo a cotas de excelencia sin miedo a que le quite el puesto. El gefe, es un coach que hace que surjan de los profesionales bajo su batuta aspectos que desconocían, pero que, adecuadamente “frotados”, hacen que broten genios de lámparas desechadas o apenas usadas.

En los últimos tiempos, con la famosa crisis, millones de puestos de trabajo han desaparecido, y los que se han conservado han llevado al profesional a una indefensión aprendida, que diría el padre de la psicologia positiva Martin Seligman, en la que se escuda para no hacer nada y resignarse a recibir de su jefe y de su empresa lo que tiene. El presentismo, el peor enemigo de una organización, es la última moda. Cuantas más horas, más productivos parecemos. ¡Menuda falacia!, hasta los jefes más arcaicos saben que, a partir de un cierto número de horas, ya no somos productivos. Pero les gusta ver a gente haciendo horas de más, calentando silla, como para demostrar su fidelidad a la empresa en los peores momentos. Esto lleva a tener menos horas de vida privada, a conflictos familiares y personales que no terminan en nada positivo, a no ser en una desmotivación retroalimentada día tras día por la misma rutina. Se pierde la pasión por el trabajo bien hecho, por los retos de los proyectos a realizar, por auto superarnos, por incrementar nuestras destrezas, por esa competitividad positiva que se establece con otros compañeros, con la competencia, con nosotros mismos. El talento fluye cuando hay pasión por lo que hacemos.

Los gefes saben sacar esta pasión para lograr los objetivos en grupo, saben crear equipos resilientes, que hagan frente a problemas inesperados con soluciones creativas, nunca antes puestas en marcha pero que, pueden resultar, y resultan de manera positiva en la mayoría de los casos. Y en los casos en que el resultado final es negativo, también es un aprendizaje para no volver a realizarlo de esa manera e idear otra alternativa, por si vuelve a pasar.

Otro mandamiento que tienen claro es que, “la unión, hace la fuerza”. Los jefes que creen en el “divide y vencerás” deben pasar a la historia. Siguen existiendo, yo misma los he tenido, pero como estrategia para conservar su puesto, sólo indica la baja autoestima profesional de estos jefes.

El gefe cree en los equipos multidisciplinares, confía en ellos provocando que su autoestima y seguridad sean mayores y con ello, que se involucren con autonomía y motivación en los proyectos. Así lo afirma la experta en psicología deportiva Patricia Ramírez.

Gestionar personas es algo más que liderar. Es creer en ellos, dejar que comentan errores sin miedo a represalias y se responsabilicen en la medida en que les corresponda. Es darles la autoridad para tomar decisiones sin dudar, sin esperar una aprobación de su gefe, porque saben que tienen y deben hacerlo ellos. Y sus gefes, saben que están capacitados para hacerlo.

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En una organización con visión, toda persona tiene un lugar donde sacar a relucir su talento, potenciarlo y trasladarlo a la organización.

Unido a esto surge la problemática de la retención del talento y, por ende, del know how de las personas y de las empresas. Yo recuerdo empresas de I+D+i donde, al marcharse un trabajador talentoso desmotivado, se iba por la puerta el 33 % del “saber hacer” de un equipo, y no se lo podían permitir. Evidentemente, estas empresas terminaron cerrando o absorbidas por otras, siendo lo mejor de su sector y sin apenas competencia. Con la actual movilidad geográfica, los nuevos estilos de vida y modelos familiares, retener a un “talento” no sólo es cuestión de sueldo, que también. El estilo de jefes, los compañeros, las compensaciones y beneficios de las compañías, la gestión eficaz de los tiempos de trabajo, la flexibilidad de trabajar desde la oficina o desde cualquier otro lugar, hacen que los profesionales valoren si quedarse o no en su empresa ante otras ofertar laborales. El buen gefe lo sabe y traslada a los objetivos estratégicos de la empresa estas variables.

Como reflexión final, yo quiero un trabajo donde cada día sea y tenga un reto que afrontar, superar con éxito y del que aprender.

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1 comment

  1. Jose Manuel

    Jose Manuel

    Genial Sonia.

    Un abrazo.



He leído y acepto la Cláusula de Consentimiento.

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