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Si en la actualidad existe un perfil de trabajador tipo ese es el trabajador engaged. El término se refiere a la vinculación psicológica de las personas con su vida profesional, lo que acaba traduciéndose en perfiles de empleados apasionados, con unos niveles de energía y de vigor excepcionales, y cuyo estado psicológico de positivismo les aboca a una dedicación completa a su trabajo.

Es evidente que este tipo de empleados son una auténtica joya para los empresarios. No sólo disfrutan con lo que hacen sino que le dedican a sus tareas profesionales el tiempo que sea necesario. Ese entusiasmo acaba traduciéndose en una total concentración y absorción que, si no se va con cuidado, puede acabar pasando factura.

Como apuntamos, los empleados engaged desprenden un entusiasmo que actúa como detonador del aprendizaje, haciendo que esa persona tenga interés propio por mejorar sus conocimientos y aplicarlos a su labor. Además, ese compromiso hacia la empresa es contagiosa, con lo que la actitud del engagement es una gran ayuda para fomentar la cultura de equipo.

¿Cómo se llega a incrementar el engagement del personal? Esta especie de contrato psicológico se logra también con la participación de la empresa.

La compañía debe reconocer y recompensar la buena labor de los empleados, así como permitir que los problemas grupales se hablen de forma abierta, positiva y constructiva. Hay que huir del conflicto e intentar abordar los temas complicados con un aire de positivismo.

También es preciso establecer mecanismos de formación para potenciar el desarrollo de las carrera de los empleados. Otra buena idea es la de analizar de forma continua los puestos de trabajo con la intención de que estos representen oportunidades para evolucionar.

Engage

No obstante, la cultura engaged también tiene sus riesgos ya que los límites entre vida personal y profesional se acaban volviendo difusos y los conflictos comienzan a surgir. Trabajar por las noches y los fines de semana, por muy productivo que pueda resultar, no es bueno. Los primeros síntomas de ello son la irritabilidad, estados de ansiedad, problemas para dormir y hasta desarrollo de patologías como bruxismo. Las manifestaciones son muy parecidas a las del estrés, aunque la clave en este caso está en que somos nosotros mismos nuestro propio peligro.

Más allá de la salud, cuya importancia es vital, también se ven afectadas otras áreas de nuestra vida. Las personas engaged suelen ir restando tiempo a su familia, a sus amigos y a sus actividades lúdicas por dedicárselo al trabajo. No se trata de que haya un jefe que obligue a los empleados a trabajar más o que les cargue de tareas que no pueden asumir, sino que el problema radica en que el compromiso y la pasión del trabajador le llevan a encerrarse en su vida laboral.

Por eso es importante que las personas que pertenecen al colectivo engaged se marquen unos límites tanto en su mente como en su cuerpo. Es necesario controlar el tiempo y restar dedicación a las tareas profesionales cuando ésta ocupa muchas horas del día. “La responsabilidad para limitar el trabajo sin límites debe ser compartida y las organizaciones deben tener un papel más activo”, asegura Gloria Álvarez Hernández, directora de investigación de Dubitare.

Es preciso regular la carga de trabajo, los horarios y apostar por programas de gestión de energía. Si no respetamos las necesidades de nuestro cuerpo, nuestra energía mental, física, espiritual y emocional acabará resintiéndose, y eso es algo que se puede prevenir. Si nos cuidamos, nuestra salud lo agradecerá y acabaremos siendo más productivos y con un mejor rendimiento.

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