El estrés laboral, ¿cuándo nos perjudica? (y III)

Existe una situación humana especialmente vulnerable al estrés: el embarazo. ¿Hasta dónde pueden llegar las consecuencias de un estrés laboral inadecuado durante el embarazo? ¿Quién paga los platos rotos? ¿Qué nos estamos jugando?

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Existen circunstancias de máximo estrés y que pueden llevar a la misma interrupción espontánea del embarazo, tales como la muerte de la pareja, un accidente, la pérdida del domicilio, desastres… no me voy a referir a este tipo de estrés digamos postraumático, sino que vamos a poner el foco en el estrés laboral, el de todos los días, el que por lo cotidiano lo hemos llegado a aceptar como si fuere normal. Pero no lo es, tiene consecuencias.

La protección al embarazo en el ámbito laboral se ha ampliado y fortalecido en los últimos años, pero especialmente en el tiempo posterior al parto y protegiendo de manera especial la lactancia y el cuidado del recién nacido. Pero hay otros riesgos a tener en cuenta.

Cómo llega la mujer al embarazo

Es frecuente observar ya, antes del embarazo, muestras de deterioro en el funcionamiento hormonal. El estrés representa siempre alteraciones hormonales y el sistema reproductor es muy sensible a los cambios hormonales. Inestabilidad del ciclo hormonal, SOP (síndrome ovarios poliquísticos), dismenorrea, amenorrea y problemas de fertilidad, si bien pueden no estar directamente originados en el estrés como causa primigenia, sí que el estrés empeora considerablemente la situación. Si, además, para sostener la actividad se consume café y azúcar (en cualesquiera de sus formas), esto castiga todavía más el sistema hormonal, ya de por sí más o menos exhausto. La situación para hacer frente a un embarazo, muchas veces es, pues, como mínimo, subóptima.

Protección natural del feto

El claustro materno está especialmente protegido para evitar exposición del feto a infecciones y cualquier otro tipo de amenaza, por el mismo diseño del útero, la cavidad amniótica y la denominada barrera placentaria precisamente porque actúa como tal, como una barrera que aísla el feto de posibles amenazas… excepto de las propias hormonas maternas. El feto, pues, está expuesto a los cambios hormonales de la gestante debidos al estrés y es muy sensible a cualquier tipo de desequilibrio. La gestante, pues, no es quien va a pagar las consecuencias si existe un desequilibrio hormonal, sino que va a ser el pequeño que está formándose y es ciertamente muy vulnerable.

Riesgos para el feto

La primera asociación, y más clara y tangible, es la asociación del estrés prenatal, por transporte transplacental del estrés materno de la gestante, con el asma y las alergias, las cuáles se desarrollarían ya in utero. Se asocia también con parto prematuro y nacimientos con bajo peso. Debido a que en esa fase de la vida tiene lugar el desarrollo neurológico y cognitivo, éste puede quedar afectado, con retrasos importantes, y, por lo menos, hay que asociarlo con el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), aunque en la literatura psiquiátrica se asocia como factor de peso determinante en psicopatologías mucho más severas. Asimismo, los bebés, al nacer, son más irritables, lloran más y tienen una hipersensibilidad al estrés, lo soportan mal. Una mención especial sobre la que hay mucha literatura es una gran influencia que se ha visto que tiene el estrés prenatal con el desarrollo del autismo.

Por último, existe una publicación reciente que reflexiona sobre el aumento –epidémico aumento- de las alergias alimentarias entre la población infantil y juvenil y que lo relaciona con el estrés prenatal, aunque no de manera concluyente. Es una idea, una sospecha, con fundadas observaciones y evidencias pero que debería ser corroborada con estudios más exhaustivos. Nos estamos refiriendo a la alergia al huevo, a la lactosa, al sorbitol, la sensibilidad no celíaca al gluten, etc.

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Prevención del estrés laboral en la gestante

Es importante informar correctamente, de forma suficiente y sin crear alarma. Las gestantes deben tener la información y podemos plantear instrumentos y estrategias para valorar si hay riesgo o no. Existen medidas analíticas efectivas del cortisol en saliva (por ejemplo), sencillas y fáciles de utilizar. El hecho que la gestante esté acostumbrada a determinadas presiones del ambiente no significa que no entrañen riesgo para ella, ahí nos engañamos. Por otro lado, hay que tener la conciencia de que existe la tendencia natural de todos los humanos a inventarnos el estrés cuando no lo tenemos, y habría que ver algunos aprendizajes y estrategias que hay que diseñar de forma específica para este caso especial.

Si existe alguna situación evitable que genera un estrés evidente, hay que ver la forma de evitarlo. Por ejemplo, en los casos de trabajos con cambios de turno, deberíamos facilitar a las gestantes turnos más confortables que les permitieran dormir y descansar correctamente por las noches.

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Pero quizá lo más importante es crear soportes o, mucho mejor, grupos de soporte dentro de la empresa en los cuáles la gestante se sienta apoyada y respaldada en su especial situación y en su compromiso frente a los retos laborales. Interesante también que la gestante tenga posibilidad de acceder (como ya es habitual) a grupos de gestantes que normalmente realizan cursos de preparación al parto, pero que funcionan a la vez como grupo de soporte para hacer frente a la situación especial que representa el embarazo, con todos sus retos, temores, riesgos y ayudas necesarias. A parte de esto, existe multitud de estrategias que, de forma sutil pero efectiva, ayudarán a la gestante a modular el estrés, y que desde aquí ya hemos hecho mención,  consejos, mindfulness, empresas pet-friendly, desarrollo de actividades creativas, yoga en el trabajo, gatos en la oficina, todos ellos útiles y de ayuda importante.

 

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1 comment

  1. Por el tipo de vida en la actualidad, el estrés en el trabajo afecta y mucho a las embarazadas. Siempre es bueno plantearse que “nos estamos jugando”.
    Saludos



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