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Decía Aristóteles, que si los objetos al caer se aceleraban, era porque tenían muchas ganas de llegar a su posición de reposo, esa posición en la que se sentían más cómodos y más felices. Esta concepción de la realidad característica de la Grecia Clásica de dotar de personalidad y sentimientos a los objetos inanimados, no está muy aceptada actualmente, y tendemos a creer que las leyes físicas pueden explicar la mayoría de estos comportamientos con reglas más o menos sencillas. En este caso aplicando las Leyes de la Gravitación Universal.

Sin embargo, cuando tratamos con personas sí es de total aplicación. Además de afectarles la ley de la gravedad, de igual modo que a todo aquello que tenga masa susceptible de ser atraída, debemos tener en cuenta que en todo grupo humano cada integrante de ese grupo adopta un rol, un papel en el que se siente más seguro, y tenderá a acelerarse, y luchará con el fin de alcanzar ese estatus.

En todo grupo humano se generan de forma automática una serie de roles, independientemente de si ese grupo es de amigos o profesional, si es impuesto o voluntario, siempre aparecen diferentes papeles a los que sus integrantes optarán.

Por ejemplo un viaje organizado. En él nos encontramos de repente ante 20 ó 30 personas desconocidas. En la mayoría de las ocasiones -y busquemos en nuestros recuerdos alguna situación similar- aparecerán dos o tres personas con ambiciones organizativas; otras tres o cuatro que protestan por todo y a las que nada les parece bien; otras pocas que se dedican a cotillear y a sacar de punta nuestros atuendos y accesorios de viaje; otros que solo observan y maquinan; etc..

Imaginaros que existen una serie de sillones, con un cartel cada uno en el que se indica: organizador, desestabilizador, cotilla, etc. Estos sillones surgen de manera automática en el mismo momento en el que se genera el grupo y cada una de las personas del grupo intentará sentarse en esa silla en la que, al igual que ocurría con las piedras de Aristóteles, se encuentren más cómodos.

liderazgo

Todos, a causa de nuestras experiencias, nuestras creencias y miedos, nuestras limitaciones y aptitudes, nos sentimos más cómodos ocupando una silla determinada dentro de un grupo, y esa silla aparecerá, porque existen una serie de roles que siempre están presentes en todos los grupos, por ejemplo, EL LIDER.

Podemos llegar a pensar que, claro, todos queremos ser el líder del grupo, ese es un rol al que todos optarán. Bueno, pues no estoy de acuerdo. No todo el mundo, aunque diga que sí, quiere ser el líder, sobre todo porque si lo dicen públicamente, con toda probabilidad la silla en la que se acabarán sentando estará más relacionada con su ego que con su capacidad de liderar al grupo.

Llegados a este punto, os propongo una alternativa para conseguir una mejora en la integración de la prevención dentro de estos grupos; una alternativa que nos ayude a rodear ese muro alto y robusto que es el conseguir cambios de actitud y comportamiento en los trabajadores; una alternativa que va a depender más de nuestro trabajo personal y no tanto del aspecto puramente técnico.

Alternativas

Esta opción se basa principalmente en la observación y en el trabajo diario con las personas, haciendo especial hincapié en aquellos trabajadores en los que por una razón u otra, hayamos detectado un cierto grado de liderazgo. Por tanto, el primer paso será identificar a esos líderes. A esas personas que adoptan el rol de liderazgo, que tienen iniciativa, que tienen mano izquierda y don de gentes. Esas personas a las que, consciente o inconscientemente, el resto del grupo consulta. Esas personas que se llevan más o menos bien con todos y que en muchos casos pasan totalmente desapercibidas, porque no tienen necesidad de llamar la atención. El resto del grupo las respeta por su sinceridad, por su honestidad, o por cualquier otra razón, y por tanto tienen en cuenta las opiniones que puedan tener.

Bien, pues sobre esas personas es sobre las que trabajaremos. Si somos capaces de ir inculcando valores preventivos en esos pequeños líderes, estos poco a poco se los irán inculcando al resto del grupo, porque como digo, el grupo les respeta.

No pretendemos crear ídolos, por supuesto, simplemente reforzar la confianza de estos en su capacidad de liderazgo y a su vez ir fomentando una cultura preventiva que se irá paulatinamente transmitiendo al resto del grupo.

En este caso, los resultados se ven rápidamente, y dependen más, como dije anteriormente, de la capacidad del técnico que del propio trabajador. Considero esta opción como una de las más resolutivas, porque no entran en juego factores externos difíciles de controlar, sino que en este caso es el técnico, el que deberá realizar sobre sí mismo el principal trabajo formativo para, de esta forma disponer de más herramientas con las que poder trabajar y conseguir que los avances sean más rápidos y se observen con mayor nitidez los resultados.

Aprender a trabajar con el líder natural de cada grupo es quizá el arma más poderosa de la que podamos disponer. Y lo digo sin temor a equivocarme, no por el poder que puede tener la persona que ocupó el rol de líder, sino por el poder que a través de ella podemos ejercer sobre el resto del grupo.

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1 comment

  1. patricia

    quien seria un líder natural en la actualidad? o un personaje histórico. yo veo pocos lideres naturales a mi alrededor, pero muchos autocraticos hoy en día.