Cómo dormir ocho horas, una propuesta fuera de quicio

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Como siempre se han hecho las cosas. Desde siempre que lo normal es dormir ocho horas. A veces guardamos una percepción errónea incluso de este tipo de cosas, abundando en la creencia de que siempre ha sido lo más natural el dormir según nosotros pensamos que tenemos el estándar definido: ocho horas de un tirón.

Ahora que entramos de lleno en la época del año con menos horas de luz, tenemos aproximadamente en este mes de Noviembre unas 11 horas de luz solar contra unas 13 horas de oscuridad en nuestras latitudes. Y en diciembre se va a cerrar más el tiempo en que tenemos iluminación natural, alcanzando las 14 horas. Teniendo en cuenta que suplimos la falta de iluminación natural con la iluminación eléctrica, podemos empezar a pensar que vivimos en unas condiciones de iluminación que no han sido las de siempre. Nuestra vista percibe una mayor excitación lumínica.

Cabe tener en cuenta que el mecanismo básico del sueño se produce por la segregación de la melatonina, la cual va directamente relacionada con la oscuridad. Es decir, empezamos a tener sueño cuando oscurece. Hace 100 años, pues, cuando no existía la iluminación eléctrica, tenían que empezar a tener sueño a las 7 o las 8 de la tarde, las 6 o las 7 del horario de la época.

Entonces, ¿qué hacían?

¿Qué hacían nuestros antepasados durante tan largas horas de oscuridad? Pues las calles eran oscuras y muchas de ellas no estaban siquiera pavimentadas con adoquín, por lo que había barro, charcos, hielo; salir era un peligro, más aún teniendo en cuenta que no existían ambulancias ni centros de atención hospitalaria de urgencias. La moral de la época emitía un dictado claro: salir de noche era cosa propia de prostitutas, criminales y ladrones. Si no era cosa de necesidad extrema, nadie salía de casa una vez caída la noche.

Dentro de las casas la familia se agolpaba alrededor de la hoguera y hablaban, cantaban, preparaban la cena contando historias recibidas de generaciones. La calefacción, pues no sabían ni lo que era, por lo que nuestros bisabuelos calentaban botellas de agua caliente o incluso algún ladrillo que luego, envuelto en trapos, lo metían dentro de la cama antes de acostarse. En las habitaciones no había ningún tipo de estufa ni fuego de brasero. También se realizaban algunas tareas domésticas como romper la cáscara de piñones, avellanas, almendras, preparar ovillos de las madejas de lana.john-william-waterhouse-sleep-and-his-half-brother-death

Cómo dormían nuestros bisabuelos

Bueno, los historiadores, en concreto Roger Ekirch, profesor de historia de Virginia Tech, resiguiendo muchos documentos en distintos países han visto que el patrón normal del sueño ha sido, desde siempre, el dormir de forma segmentada, eso es, en dos sueños separados por un período de vigilia. Se hablaba de primer sueño y segundo sueño. En total no dormían más de ocho horas pero separadas por una vigilia intermedia que podía durar entre una y tres horas. Asombroso para cualquier mentalidad del S. XXI. Si se acostaban a las ocho, dormían hasta medianoche, se despertaban y permanecían despiertos hasta cosa de las tres de la mañana en que volvían a dormirse hasta las siete que amanecía, más o menos.

Experimentos científicos

Se ha intentado corroborar la investigación histórica con una experimentación científica. Se han escogido al azar voluntarios para someterse al simple experimento consistente en permanecer durante 14 horas al día en la oscuridad. Y los resultados han sido concluyentes: al cabo de unos días, los voluntarios han experimentado un cambio en el dormir adoptando un sueño segmentado en dos bloques de 4 horas separados por una vigilia de hasta tres horas de duración. Ello nos lleva invariablemente a la conclusión que nuestro verdadero ritmo circadiano natural lleva escrito un modelo muy distinto al que estamos acostumbrados, muy distinto de nuestro patrón.

Existen zonas de nuestro planeta en las cuáles se sigue durmiendo según el patrón segmentado, como algunas tribus de Nigeria central, los Tiv, y también en Asia, en Sulawesi (Indonesia). De hecho, los humanos son la única especie animal que ha desarrollado el sueño consolidado en una sola fase, aunque quizá sólo sea una construcción social fruto de la influencia del capitalismo industrial.

Y a medianoche, ¿qué?

Pues había de todo, unos hacían oración (existían oraciones especiales para ese tiempo), otros leían o escribían a la luz de una vela como podían, meditaban lo que habían soñado. Y parece ser que en la vigilia entre los dos sueños era mucho más fácil de recordar lo que soñaban; comían, realizaban algunas tareas, cuidaban a los niños y también tenían sexo. Todos los relatos coinciden en que el sexo era mucho mejor en la vigilia entre los dos sueños porque al acostarte estabas mucho más cansado. En el S. XV, los médicos recomendaban el sexo en la vigilia por ser mucho más fecundo y más fácilmente podía dar descendencia.

La mayor parte no salían de la cama, pero otros incluso iban a ver los vecinos. Evidentemente, la tarea perentoria inexcusable era la de vigilar el fuego que no se apagase.

Un insomnio que no es tal insomnio

La conclusión primera y fácil de todo este descubrimiento es que si alguno despierta a media noche desvelado, no tiene porque asociarlo necesariamente con algún tipo de insomnio, sino que puede tratarse de algo muy natural que está escrito en nuestro código genético normal. No debemos tomar el modelo de dormir las ocho horas de un tirón como única referencia de patrón normal. Existen otros patrones, uno de ellos el sueño segmentado.

Los beneficios del sueño segmentado

Parece ser que toma cuerpo la importancia del período de vigilia entre los dos sueños. Hormonalmente, se ha visto que la secreción de prolactina se produce durante el primer sueño cuando dormimos de forma segmentada, cosa que se pierde si dormimos de un tirón. Los efectos de las actividades realizadas en la vigilia entre sueños parece que son claves para disipar el estrés y así poder gozar de un descanso adecuado y de un tiempo de relajación que nuestro cuerpo necesita.

La secreción adecuada de prolactina durante el sueño genera procesos hormonales secundarios muy beneficiosos para la salud, regulando la secreción del neurotransmisor dopamina, progesterona, estradiol y de las hormonas sexuales. Igualmente afecta la actividad cerebral durante el sueño, haciéndonos más proclives a un sueño reparador.

Costes sociales

El insomnio afecta severamente a una parte importante de la población, y conlleva elevados costes sociales y de salud pública.

El insomnio afecta severamente a una parte importante de la población, y conlleva elevados costes sociales y de salud pública.

Lo normal, así pues, es dormir ocho horas, pero ahora sabemos que existen otras formas posibles. Aunque la propuesta alternativa cae completamente fuera de quicio, pues nos lo obstan un estilo de vida y una cultura con unos claros anclajes nocturnos. Sin embargo las cuentas arrojan un saldo muy desfavorable: entre un 25 y un 30% de la población española adulta tiene problemas para dormir y los costes de los paliativos del “mal dormir” podrían elevarse hasta unos 4.000 MEUR en toda España. Para pensárselo.

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1 comment

  1. Oscar Roijals

    Oscar Roijals

    Que buen articulo, felicidades! Que cosas tan interesantes has compartido! Yo, la verdad, duermo como un liron 8 horitas todos los dias, y que siga!


He llegit i accepto la Clàusula de Consentiment.

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