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En un post anterior hemos visto el éxito del programa Live Well Work Well del Darmouth-Hitchcok. En esta ocasión nos gustaría analizar cómo el liderazgo en las compañías conduce a cambios en la salud y el bienestar. Cambios que pueden convertirse en tendencias globales. Cambios que transforman el mundo.

Empecemos por los principios. Veamos un ejemplo bien conocido.

El código de conducta empresarial de Johnson &Johnson

Robert Wood Johnson redactó el siguiente código de conducta empresarial para Johnson & Johnson en 1943; hace más de 70 años. Es conocido como “Nuestro Credo” dentro de la empresa:

“[…] Todos deben ser considerados como individuos.

Debemos respetar su dignidad y reconocer sus méritos.

Han de tener una sensación de seguridad en sus trabajos.

La compensación ha de ser justa y adecuada,

y las condiciones de trabajo, limpias, ordenadas y seguras.

Debemos ser sensibles en la manera en que podemos ayudar a nuestros empleados

en el cumplimiento de sus obligaciones familiares.

Nuestros empleados han de sentirse libres para hacer sugerencias y formular sus quejas […]”.

Si bien es cierto que me impresionó la primera vez que lo leí, cabe preguntarse, una vez más, si no será otra de esas declaraciones retóricas que abundan en las empresas. Bueno, pues hay algunas evidencias que prueban que no es sólo retórico, sino que está bastante presente en las personas que trabajan en Johnson & Johnson y en las decisiones que se adoptan. Vamos, que esa muestra de liderazgo dejó su impronta, con un efecto transformador importante.

Resulta que, desde hace décadas, Johnson & Johnson, al igual que otras empresas (como DuPont, The Dow Chemical, etc) ofrecen a sus empleados programas de promoción de la salud. De tal manera que la empresa promueve un cambio hacia un estilo de vida saludable, y si el empleado quiere participar en ese cambio, la compañía le apoya de diferentes maneras para que lo consiga. Desde que se implantó en 1979 hasta la actualidad se han realizado múltiples estudios sobre la eficacia de esa medida.

¿Qué se consigue promoviendo la salud entre los trabajadores?

Ya en 1986 un estudio analizó la relación entre un programa de promoción de la salud integral (Live for Life) en el lugar de trabajo y los costes de atención sanitaria. Se compararon datos procedentes de los empleados de Johnson & Johnson que se habían unido a ese programa frente a un grupo de empleados control, durante 5 años. Bueno, el resultado es que aparecieron diferencias muy significativas entre los costes en salud entre ambos grupos (42 $ en un caso frente a 76 $ en otro). ¿Cuáles ocasionaron menores costes? Efectivamente, aquellos que participaron en el programa de promoción de la salud (Live for Life).

Pero veamos cuál ha sido la evolución del programa y de los empleados. Otro estudio de 2011 evaluó los efectos de los programas de promoción de la salud sobre los factores de riesgos para la salud de los trabajadores, comparándolos con el gasto sanitario y teniendo en cuenta a otras compañías de un tamaño similar. Los datos mostraron que el gasto sanitario anual medio de Johnson & Johnson fue un 3,7% menor que en las demás compañías. Además, sus empleados redujeron significativamente sus tasa de obesidad, hipertensión, tabaquismo, sedentarismo y mala alimentación. Si hablamos del famoso ROI (Return of Investment) resulta que por cada dólar invertido se recuperaron entre 1,88 y 3,92 $.

Evidentemente, este y otros estudios señalaron el camino a seguir no sólo a otras compañías, sino incluso a los políticos. No en vano hay que tener en cuenta un hecho: la población está envejeciendo en los países desarrollados, y envejecer sin salud tiene un elevado coste económico y social. Especialmente cuando de lo que hablamos es de problemas de salud que se podrían prevenir adoptando cambios en nuestro estilo de vida.

¿La promoción de la salud lo es todo?

Todo esto hay que llevarlo a su adecuado contexto. Imaginemos que queremos promover la salud entre un colectivo de trabajadores. Por ejemplo, mediante acciones para conseguir el abandono del tabaquismo. Hay muchas evidencias de su efecto negativo sobre la salud. Diseñamos las acciones con cuidado y nos ponemos en marcha. Hablamos con los empleados, les transmitimos nuestros mensajes pro-salud y, a la hora de ponernos en acción, nos sacan los colores cuando nos dicen que, si tanto nos importa su salud, en lugar de ayudarles a dejar el tabaco podemos reducir los humos tóxicos que respiran en su lugar de trabajo. Y tienen toda la razón. Está muy bien promocionar los hábitos de vida saludable, pero no se puede desvincular del ambiente laboral, del entorno familiar, del contexto social. Seamos serios: la salud es un elemento integral que afecta todas las dimensiones del ser humano. De modo que abordarla de  manera parcial ni es creíble ni eficaz.

De ahí surge la necesidad de trabajar en pro del bienestar, y de la salud 24 horas al día, 365 días al año. En ocasiones los daños para la salud proceden del entorno laboral (vía libre para actuar) y en otras ocasiones del entorno personal (vía libre para promocionar, apoyar y ofrecer recursos). Y tampoco nos olvidemos del entorno ambiental. Tengamos presente los efectos que la contaminación atmosférica produce en las personas (asma, enfermedades respiratorias y cardiovasculares) tanto a corto como a medio plazo. Pensemos también en las horas que dedicamos a diario a desplazarnos a nuestro centro de trabajo, el riesgo al que nos exponemos conduciendo, cómo afectan los atascos a nuestro tiempo de descanso, a la contaminación, al nivel de estrés, cuando todavía ni hemos llegado a entrar en la empresa. Todo esto afecta a la salud. Sí, es complejo: no hay una norma técnica ni una guía que nos ofrezca una solución mágica. Es complicado, supone un reto, pero nos va la vida en ello.

La solución pasa por la integración

FranklinQuotation

Así que hay evidencias sobre la importancia de cuidar la salud, por responsabilidad con uno mismo y con los demás. También es clara la importancia que tienen las empresas como motor de ese cambio, tanto en el entorno laboral como extralaboral. Veamos entonces cuál es la forma más inteligente de abordar los programas de salud en las empresas. La integración de los procesos permite:

  • Lograr un cambio mayor en el comportamiento de los trabajadores hacia propuesta saludables.
  • Aumentar la tasa de participación de los trabajadores en los programas de salud
  • Reducir las tasas de siniestralidad
  • Fortalecer los programas de seguridad y salud
  • Reducir los costes y optimiza el uso de recursos.
  • Mejorar la productividad y la resiliencia de los trabajadores.
  • Mejorar el clima laboral y los procesos gracias a la necesaria colaboración entre departamentos.

¿Cuáles son los nuevos retos en salud y bienestar en las empresas?

El primero encontrar los medios más eficaces para lograr ese objetivo. Herramientas hay muchas. Validadas, no tantas. Porque al final no todas las soluciones sirven en todos los contextos. Hay que hacer el esfuerzo de estudiar, diseñar, implantar, medir, evaluar, corregir, etc. No hay atajos. La colaboración entre empresas y entre investigadores y empresas es primordial.

El segundo es la relación entre salud y productividad. Actualmente se tienen en cuenta no sólo los costes derivados de las enfermedades y del absentismo por motivos de salud. También el efecto sobre la productividad del presentismo. Cómo disminuye nuestra capacidad de acción ciertos estados de salud que nos restan eficacia en el puesto de trabajo. Se ha demostrado que una mala salud redunda en una disminución de la productividad.

Revisemos algunos datos. Un estudio de 2009 indica que por cada dólar gastado en cuidados médicos o medicamentos, se genera un coste de entre 2 y 4 $ en productividad (de media 2,3 $). Otro estudio de 2010 muestra que por cada dólar invertido en programas de bienestar se reduce el coste sanitario y farmacéutico 3,27 $; el coste por absentismo se reduce un 2,73 $ y, sin tener en cuenta el efecto sobre ahorros relacionados con el presentismo, ya habríamos logrado un ahorro de 6 $ por cada dólar invertido.

El tercer reto tiene que ver con el envejecimiento demográfico de la población y su impacto sobre la sostenibilidad de los sistemas de salud. Indudablemente envejecer con salud es el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros mismos y a quienes pueden ser en el futuro nuestros cuidadores. Se espera que para 2025 el 20% de los europeos sean mayores de 65 año, y supone un reto conseguir vivir más años, pero aún lo es más vivirlos con salud.

El cuarto reto es las relaciones que se establecen entre riesgos que afectan a la salud. Pueden ser aditivas o incluso sinérgicas. Por ejemplo, la exposición a una sustancia presente en el humo del tabaco y en el propio lugar de trabajo, como el benceno. O bien el dolor lumbar unido a una alta carga de trabajo y una escasa supervisión e incluso cierto hostigamiento. Estudiando los riesgos aisladamente nos dejaremos en el camino mucha información.

Y ahora, ¿qué hacemos?

Sugeriría tomar conciencia cada uno de dónde está y planificar a dónde quiere llegar. Siempre hay margen de mejora, sólo hay que fijarse en las empresas líderes en salud.

En Estados Unidos nos han dado un buen consejo: dedica menos tiempo a la estrategia y más a la acción. Ambas son necesarias, pero en su justa medida. Y si necesitáis ayuda, estaremos encantados de ayudaros.

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