Buenas prácticas preventivas: cambio de conducta postural

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La buena práctica preventiva basada en el cambio de conducta postural que os mostramos, se ha implementado en una multinacional del sector logístico.

Problemática

Hay una gran incidencia a nivel de trastornos musculoesqueléticos (TME) en unas determinadas secciones productivas y que no ha disminuido (especialmente hay accidentes de trabajo con baja relacionados con los sobreesfuerzos), pese a las acciones llevadas a cabo durante el tiempo:

  • Evaluaciones ergonómicas (tipo OCRA, OWAS…) para determinar nivel de riesgo de los grupos musculares.
  • Integración de mejoras a nivel técnico y de automatización de las líneas productivas.
  • Mejora en el sistema de rotaciones de trabajo de la sección.

Objetivos planteados:

Se plantea conseguir los siguientes objetivos por cada sección:

  • Reducir los índices de incidencia de TME.
  • Que cada persona haga un cambio de conducta postural, para que modifique sus hábitos en el puesto de trabajo.

Desarrollo del proyecto:

Se pretende actuar de forma individualizada por cada sección, para personalizar al máximo en cada una de ellas qué acciones llevar a cabo.

Evaluación. Se realiza en dos pasos:

  • Determinar (conjuntamente entre los departamentos de consultoría y de vigilancia de la salud), por cada posición de la sección, qué posturas tienen mayor incidencia a nivel musculoesquelético y a qué grupos musculares afecta, para poder priorizar su corrección.
  • Determinar el nivel de desviación de una postura, para saber cuáles pueden ser más negativas para el cuerpo.
  • Proponer medidas técnicas alternativas a las ya implementadas.

Formación

  • Se realiza una formación en el puesto de trabajo, para poder enseñar a cada trabajador/a qué posiciones adopta y generar una reflexión que le permita el cambio postural.
  • Las claves en este punto:
    • Presentar el proyecto a los empleados, con una dinámica de impacto, para crear expectativa.
    • Trabajar varios días en cada puesto de trabajo, para conocer en primera persona qué tendencias pueden tenerse a nivel de automatización de movimientos y qué posiciones pueden implicar.  De esta forma los empleados de la empresa van teniendo contacto visual con el consultor y ven que se “mueve algo”.
    • Hacer formaciones “in situ”, con grupos pequeños (máximo 5 personas), para que puedan hacer una observación entre ellos y comparar. Muchas veces los propios empleados son los que copian formas de trabajar de otros compañeros. Aprovechar el feedback para explicar qué posiciones son más beneficiosas para su cuerpo.
    • Aprovechar el clima de confianza y relajación para hacer pequeñas correcciones a nivel postural, de forma que el empleado pueda “notar en tiempo real” cómo está trabajando y qué movimientos realiza y poder aplicar pequeños cambios en su forma de trabajar (puesto que cada persona trabaja de una determinada manera).

Seguimiento personalizado

  • Se realiza una última fase de seguimiento en el puesto de trabajo, para poder ver si hay evolución en el cambio de conducta postural de cada persona, así como mostrar a los empleados que el proyecto no sólo se basa en un día, sino que se busca continuidad en el tiempo.

 

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