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Que vivimos en una sociedad que va más rápida de lo que somos capaces de asumir no es ninguna novedad. Lo que a ojos de muchos es una vuelta atrás en las condiciones laborales, con jornadas que se alargan, trabajo que nos llevamos a casa, o el famoso multitask que tan de moda se  ha puesto en estos tiempos, para otros se ha convertido en su pan de cada día. Y no rechistan. Al contrario, se sumergen en esa vorágine de tareas, de obligaciones y responsabilidades porque el clima actual hace temer que, cualquier inconveniente que pongamos, nos hará perder nuestro empleo. Y esto no puede ser.

Poner en riesgo nuestra salud no es garantía de felicidad. Someternos a jornadas maratonianas, trabajar los fines de semana sin descanso, o irnos a dormir preparando informes, son pequeñas gotitas de agua que van cayendo sobre un mismo punto y que, al final, acabarán generando un agujero. Ya nos hemos acostumbrado al estrés, a ir corriendo de un lado a otro, a no tener tiempo para la familia ni para los amigos. ¿Es eso calidad de vida?

Hemos terminado por confundir los términos y creer que cuanto más trabajemos, más dinero ganaremos y mejor podremos vivir. Pero no hay que olvidar que la vida es aquello que ocurre mientras trabajamos, y que si tenemos la suerte de llegar a jubilarnos, tal vez estemos demasiado machacados como para poder gozar de nuestros años de retiro.

La adicción al trabajo es un mal silencioso que se disfraza de eficiencia y productividad pero que, poco a poco, va minando al empleado. Y lo que es peor: a la persona. Tal y como afirma la psicóloga Ana Tostado Domingo, miembro de Saluspot, una total predisposición laboral puede conllevar riesgos psicológicos como ansiedad, fatiga y aislamiento. De hecho, un 14,5% de la población sufre ansiedad y un tercio de los españoles considera que vive bajo presión. El problema va en aumento cuando es tu propio jefe el adicto al trabajo, y pretende que todo su equipo se contagie de esa obsesión por lo laboral. ¿Qué hacer entonces?

Ante todo, no hay que agobiarse. Para evitar problemas, cuando un jefe se sobreexcede con las tareas encomendadas, lo mejor es hablar con él y decirle lo que está pasando. No hay que tenerle miedo, al fin y al cabo, es una persona como cualquier otra.  También hay que tener claro que la jornada dura 8 horas y que no se puede conseguir todo en ese tiempo. Márcate un horario y síguelo a rajatabla. No hay peros que valgan. Mantener el equilibrio entre lo laboral y lo personal es la clave para que tu estructura de vida no empiece a debilitarse. Así que si hace falta que marques los límites, hazlo.

Una de las estrategias más recomendadas para seguir unas pautas de orden en nuestra vida laboral, es elegir una actividad extra que nos obligue a tener que dejar las tareas de oficina aparte. El deporte es lo más recomendado que ya nos ayuda a liberar la mente y a desestresarnos, haciendo que descarguemos la frustración que podemos llevar dentro.

Cuando notes tienes demasiado que hacer y que llegas ahogado a todos sitios, tómate  tu hora mágica. Cósimo Chiesa, presidente de Barna Consulting Group, explica en su último libro, Liderándome para liderar, la necesidad de crearnos un espacio para nosotros mismos lejos del trabajo: “Crea tu propia hora mágica para recargarte, pensar en tus valores, en tus objetivos, en todas y cada una de las áreas de tu vida, en cómo puede mejorar constantemente tu liderazgo para ser un modelo para ti mismo y para los demás”.

Pero uno de los problemas con los que se encuentran las personas sumidas en una adicción laboral es ese sentimiento de culpabilidad si no estamos las 24 horas del día dispuestos para el trabajo. Un estudio elaborado por la Comunidad Laboral Trabajando.com este verano determinó  que el 43% de los españoles no sabe desconectar del trabajo en vacaciones. De ellos, un 35% se declaraban workaholics.

Estos datos no son nada alentadores porque demuestran que cada vez hay más workaholics en nuestra sociedad. Sin embargo, de nosotros depende en el dejar de serlo. Si no echamos freno a esta situación, acabaremos padeciendo las consecuencias en nuestras carnes. La esfera laboral es sólo una parte de nosotros mismos, no el todo, y si erramos en el concepto y hacemos que nuestro empleo ocupe gran parte de nuestro tiempo (tanto físico como mental) acabaremos pagándolo caro. Por suerte, somos nosotros los que tenemos la última palabra.

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