La problemática de los accidentes domésticos y nuestro papel como profesionales de la SST

El tiempo estimado de lectura es de 4 minutos

¿Hasta dónde puede o debe llegar la actuación de un técnico de prevención?

¿Dónde está la línea divisoria entre la adecuada gestión y la intrusión?

Son preguntas que me sobrevienen cuando leo noticias acerca de accidentes, intoxicaciones, incendios… producidos en un domicilio particular. ¿Está en nuestra mano poder hacer algo?

Cuando hablamos de accidentes domésticos, el propio término lingüístico “doméstico” ya nos ofrece una barrera de entrada en cuanto a la valoración real de la magnitud que presenta esta tipología de riesgos. No solo asociamos este término con “todo aquello perteneciente a la casa u hogar” (RAE), el término también connota algo que no resulta especialmente ofensivo o peligroso. No cabe duda que un perro es un animal doméstico pero… ¿Consideraríais como animal doméstico un “Rottweiler” de 60 kilos de peso? Sí por su definición, pero quizás no por su connotación.

Connotaciones a parte, los accidentes domésticos suponen la 4ª causa de mortalidad en la Unión Europea, tan sólo por detrás del cáncer, las patologías del corazón y las enfermedades cardiovasculares.

¿Y en España?

En nuestro país, los datos epidemiológicos más fiables en materia de accidentes domésticos los encontramos en el informe DADO (Detección de Accidentes Domésticos y de Ocio), elaborado por el Instituto Nacional de Consumo. Quedan excluidos de dicho informe los accidentes por motivos laborales, de tráfico, por elementos naturales, ferroviarios, marítimos o aéreos, además de los vinculados con enfermedades, autolesiones y violencia. Aunque los últimos datos conocidos datan del año 2011 y anteriores, encontramos algunos datos francamente interesantes:

  • En 2011, 6 de cada 100 hogares y 1 de cada 10 españoles experimentaron un accidente doméstico o de ocio.
  • Factor edad: el grupo que mayor riesgo presenta es el de personas comprendidas entre los 25 y 44 años de edad.

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  • Factor género: El 58,7% del total de accidentados fueron mujeres y el 41,3%, varones. Tal y como puede apreciarse en el siguiente gráfico, llama especialmente la atención el hecho de que los hombres son más proclives a sufrir accidentes entre los 16 y los 42 años, mientras que las mujeres superan la siniestralidad media a partir de los 45 años.

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  • Área de especial riesgo: De la totalidad de accidentes domésticos y de ocio registrados, más de la mitad se deben a accidentes experimentados dentro del hogar.

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  • Principales causas de las lesiones: Las caídas generan la mayoría de los accidentes (51,1%), seguidas de los choques y golpes (16,6%) y los cortes y aplastamientos (14,2%).

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  • Consecuencias: El 87,5 de los accidentados recibió algún tipo de tratamiento como consecuencia del siniestro y su duración media fue de 18 días. Solo un 7,4 requirieron tratamiento hospitalario; sin embargo, la mitad de ellos requirió ser sometido a una intervención quirúrgica.

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Ahora que sabemos algo más acerca de la problemática que suponen los accidentes domésticos en nuestro país, cabe preguntarnos si efectivamente está en nuestra mano realizar acciones destinadas a prevenir este tipo de lesiones. Personalmente opino que sí. No se trata de una actividad preventiva prioritaria, pero sí que puede aportar valor tanto a empresa como a trabajadores:

  • Reducción del absentismo: Informar y formar debidamente a los trabajadores sobre los riesgos en el hogar puede incidir positivamente sobre los índices de absentismo derivados de contingencia común. En este sentido, ofrecemos a la compañía la posibilidad de evitar – o cuanto menos reducir – los costes directos e indirectos (retrasos en la producción por la ausencia del trabajador, nueva contratación por sustitución…) derivados de un accidente no laboral.
  • Satisfacción laboral: A su vez, el trabajador percibe cómo la empresa destina recursos a promover acciones que inciden de forma positiva en la protección de su seguridad y salud, así como la de sus familiares. Esto redunda a su vez en un beneficio para la organización, ya que como hemos mencionado en otros posts, un trabajador satisfecho es un trabajador productivo.

En cuanto a las dudas planteadas al inicio del texto, acerca del rol del técnico de prevención en temas que van más allá del ámbito estrictamente laboral, existe una larga lista de casos de éxito en materia de promoción de la salud o de la gestión del “return to work” que avalan los beneficios de gestionar la seguridad y salud más allá de las paredes de nuestro centro de trabajo.

Quizás seamos nosotros, como profesionales del ámbito de la seguridad y salud laboral, los que pecamos de ser víctimas de nuestras palabras, limitando nuestras capacidades al autodenominarnos “técnicos de prevención de riesgos laborales”.

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