061, Servicio a alta presión

El servicio del 061 no se utiliza siempre como se debiera. Es importante,necesario y urgente cambiar algunos hábitos en la población, en el usuario.

El tiempo estimado de lectura es de 9 minutos

Corrían los años 50 del siglo pasado. Lluís, médico formado socorriendo a los heridos en las trincheras durante la guerra civil española, recibe una oferta como médico de cabecera (hoy, de familia) en una zona rural de Cataluña. Era la época de las cartillas de racionamiento y, en el campo, el dinero no corría; se vivía en una economía del trueque y de subsistencia:

-“Dinero no le podemos ofrecer, pero comida no le faltará. Ni a su familia ni a usted. Y una casa en el pueblo estará a su disposición”.

Y esa sencilla oferta, sin ningún tipo de contrato ni de garantía, fue aceptada por Lluís. Y con ayuda de una bicicleta y muy buena voluntad se hizo cargo de los -únicos- servicios médico-sanitarios de varios pueblos, vecindarios y masías aisladas, a los que asistía tan bien como podía y sabía, montado en su bicicleta por comarcas del interior de Cataluña. Uno le daba una gallina, otro una hogaza de pan, hortalizas y fruta en verano, algún conejo de tanto en tanto, huevos… y también le reverenciaban un agradecimiento vital, sincero, emanado de lo más profundo del corazón de unas gentes que también sabían que, si Lluís se iba, quedaban en el más absoluto desamparo. En la precariedad de los medios, apurado por la premura de la situación, alguno lo llegaba a requerir para asistir el parto difícil de una vaca. Y Lluís nunca supo decir que no. Llegando a la época de la Navidad, ningún vecino pasaba por alto la ocasión y todos llamaban a la puerta del doctor, pertrechados cada uno con su obsequio, si bien en la medida de las posibilidades, para desearle a Lluís las buenas fiestas. Y así anduvo Lluís hasta que nació su hija, sin cobrar un céntimo por sus servicios, arriba y abajo en la bicicleta, pese a no gozar de muy buena visión. La niña fue creciendo y empezó a andar, con lo que se le vino encima a Lluís un problema: no tenía zapatos para la niña. Lluís se dirigió al alcalde del pueblo y le expuso la situación: la chiquilla se había hecho mayor y ya podía andar, pero no tenía zapatos. La respuesta de solidaridad con el médico fue unánime y ejemplar: en pocos días llegaron al pueblo unos zapatos para la niña.

En un mundo en el que las ambulancias no se sabía lo que eran (ni tampoco el colesterol) y el teléfono no existía todavía, en las zonas un poco montañosas, para avisar al médico cuando había un enfermo en alguna casa apartada, se estilaba tender una sábana en la ventana; el médico subía al cerro cercano que tuviera el punto geográfico más elevado y, desde lo alto, oteaba el horizonte. Y si en alguna casa de payés veía una sábana tendida en la ventana, eso quería decir que debía acudir porque había alguien que estaba enfermo y que precisaba de sus servicios. Este rudimentario, pero efectivo, sistema de avisar de una alerta sanitaria era el recurso, parco recurso, socorrido cuando no había otro medio ni remedio.

Protocolos que salvan vidas

En apenas 60 y pocos años, el escenario ha cambiado totalmente. Los tiempos de respuesta de las ambulancias se cifran en apenas 8-10 minutos en las grandes conurbaciones metropolitanas, quizá algo más en zonas rurales; y suelen tardar como mucho media hora en llegar a casas de campo apartadas. Hoy en día se dispone de servicios avanzados que incluyen todo tipo de tecnología y personal altamente especializado que se conoce al dedillo los protocolos que rigen para cada patología específica.

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En una zona como Madrid hay un equipo que incorpora a unos 600 médicos con formación especializada, 400 conductores y otros tantos enfermeros, alcanzando, junto con el personal administrativo, informático, etc., una plantilla total de alrededor de 1.800 personas, en la que, debido a lo arriesgado de la tarea, se contabilizan hasta 120 accidentes de trabajo anuales.

Cerca de 500 ambulancias, 2 helicópteros, 26 UVI móviles y otro centenar largo de vehículos sanitarios especializados garantizan una asistencia de soporte vital básico y avanzado para todo tipo de emergencias (seguimos refiriéndonos solamente a la C.A. de Madrid).

Toda esta evolución ha creado unas pautas a través de estos años que se han tomado como hábitos de conducta, pero que habría que revisar. Hemos pasado de la sábana al smartphone siguiendo una evolución, unos aprendizajes que han cristalizado en nuevas costumbres, nuevas actitudes, adaptadas a los nuevos medios y recursos. Sin embargo la complejidad y la versatilidad de los medios y protocolos hace que incluso para los propios profesionales médicos resulte a veces difícil escoger entre tantas opciones.

Cuándo hay que llamar al 061 y qué hay que hacer

El 061 sirve para recoger llamadas para casos tanto de urgencias como de emergencias. Estadísticamente, alrededor del 50% de las situaciones se resuelven telefónicamente. En la C.A. de Cataluña, por ejemplo, se registraron en 2014 cerca de 1.800.000 llamadas de alertas sanitarias, de las cuales unas 550.000 (42%) se resolvieron por teléfono. Y en pocos minutos. Por lo tanto, cuando nos encontramos ante una alerta sanitaria, lo mejor es llamar, antes que desplazarse a un hospital puesto que el hospital al que vayamos a acudir podría estar colapsado y el médico quizá no pueda atendernos hasta pasadas algunas horas, dependiendo de cada situación. Y así evitamos colapsar todavía más el servicio de urgencias de hospital. En medios rurales, un ictus puede resolverse por teléfono, o al menos las instrucciones de ayuda telefónica de emergencia pueden resultar vitales.

 

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En la enorme Central de Coordinación Sanitaria tenemos un despliegue inusitado de enfermeros, médicos, administrativos, intérpretes… todos ellos altamente especializados y que trabajan con un sistema informático totalmente integrado a la HC3, la Historia Clínica Compartida de Cataluña. Y, por lo tanto, con acceso a nuestros datos históricos de salud, medicación, intervenciones quirúrgicas… que nos darán, a buen seguro:

  1. Una respuesta rápida
  2. Soluciones protocolizadas
  3. Un buen consejo médico
  4. Otros servicios asistenciales (por ejemplo, traducción e interpretación a múltiples lenguas extranjeras)

Si es necesario acudir a un hospital, nos indicarán cuál es la mejor solución, recomendándonos el centro sanitario donde podemos ir e incluso posibles alternativas, y, cuando sea necesario, desplazarán un médico o un tipo u otro de ambulancia. Decir, por otro lado, que el 061 probablemente en poco tiempo sea sustituido por el servicio único 112, a tenor de las directivas de la UE, cosa que de hecho ya se ha implantado en la C.A. de Madrid (SUMMA 112) y se está impulsando en Cataluña y otras comunidades.

Informar y no presionar

Muchas veces la angustia del momento nos impulsa a actuar más emocionalmente que no fría y cerebralmente. Pero ante una alerta sanitaria, hay que tomar decisiones, y ello se debería hacer con el máximo de información disponible. Por tanto, todos aquellos datos que podamos aportar, serán muy valiosos: valor de la temperatura (en caso de fiebre), frecuencia cardíaca, tensión arterial, breve historia clínica, toma de medicación… y debemos tener claro que tenemos que confiar en el equipo que nos va a atender. Se trata de personal altamente cualificado, especializado en este tipo de situaciones y que sí sabe cuál es el recurso más apropiado para cada situación. Debemos dejar, pues, que sean ellos quienes tomen las decisiones, facilitando el máximo de información.

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APP Móvil

A modo de avanzadilla, en la C.A. de Cataluña se dispone desde 2014 de una app descargable para los terminales móviles que utilicen SO Android o Iphone y que tiene como objetivo facilitar y dar rapidez al proceso informativo, ganando unos segundos que a veces pueden resultar vitales. Asimismo, utiliza el GPS del terminal móvil para mandar a la Central de Coordinación nuestras coordenadas geográficas de posición. La App manda automáticamente en el momento de marcar nuestro nombre, DNI, y el CIP (Código de Identificación del Paciente) de nuestra cartilla sanitaria; datos que previamente debemos haber introducido. Esta tecnología, que previsiblemente en poco tiempo se extenderá a todas las CCAA, debemos instalarla -cuando sea posible- en todos los terminales móviles de aquellas personas mayores de 14 años de nuestras familias y empresas, e introducir nuestros datos personales,  pues en circunstancias inopinadas que no podemos prever puede resultar de mucha ayuda y de decisiva y ágil solución.

Una palabra de agradecimiento

De la misma manera que he empezado el artículo hablando de solidaridad para con el médico y de agradecimiento vital de los pacientes, me hubiera gustado poder cerrarlo del mismo modo, con un relato de cotidianos agradecimientos y solidaridades. Sin embargo, la realidad actual, en honor a la verdad, es muy distante de la de los tiempos de Lluís. Después de tanto despliegue tecnológico, humano y asistencial, después de conseguir unas cotas de eficiencia envidiables a nivel mundial muy, pero que muy exclusivas de unos pocos países, y unas prestaciones a las que tiene acceso una ínfima parte de la población mundial, el agradecimiento y la solidaridad han quedado muy en entredicho. Jordi, otro médico catalán, con su labor diaria integrada en el servicio del 061 CatSalut, con no menos vocación que Lluís, dotado -eso sí- de muchos mayores recursos de los que Lluís tuvo en su día, suele atender un centenar largo llamadas diarias de pacientes, solventando sus problemas, dando consejos, mandando ambulancias, activando determinados protocolos… y, si bien recibe puntualmente cada mes el abono de su -más bien discreta- retribución salarial, lejos de recibir el agradecimiento y la solidaridad del usuario, debe aguantar continuada y cotidianamente el insulto, el menosprecio, cuando no amenazas; facilitado todo ello por el aparente anonimato telefónico y por la mala aplicación de unas leyes que le protejan del acoso verbal. Como si en la presión estuviera la solución.
La evolución de los tiempos y los usos ha cambiado también la relación entre médico y paciente para mal, convirtiendo la presión en el principal factor de riesgo en el puesto de trabajo del médico, tal como si fuere un árbitro deportivo, a quien se le insulta, se le desprecia y se le amenaza. Socialmente se acepta o se tolera. Muchos usuarios cada día se atreven a ello. No vamos bien, hay que corregirlo. El caso de Jordi no es único y aislado, es el de todos y de cada día.
Aunque se aparta del objetivo de este blog, pido a la edición del mismo que se me permita dirigir, desde aquí, unas palabras de agradecimiento, como usuario del servicio, a todo el personal de trinchera de unidades móviles y de centrales de los servicios del 061.

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